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viernes, 10 de junio de 2011

SOBRE LA NECESIDAD DE PRACTICAR LA MISANTROPÍA

!Este mundo parece no tener remedio¡. Esta, es una frase últimamente muy repetida en ciertos foros internos y externos por parte de quienes se revelan a estancarse en este mar de los sargazos, substancia viscosa que escora desde los grandes "clippers" transoceánicos, hasta la más ínfima patera. Sin olvidar que todos somos en algún momento de la vida “balseros”, la semántica en algunas ocasiones, la cerrazón racional y emocional en otros, nos impulsa a este victimismo de “cabaret Voltaire”, absurdo ditirambo ante el que no cabe más que dejar de remar y cuestionarse sencillamente hacia que lares dirigirse y cómo hacerlo. No es el mundo el que no funciona...es el ser humano. Es más, este mundo tan permisivo, pudiera, y parece ya hacerlo sutilmente, prescindir de nuestros relativos aforamientos, privilegios de un mono que empezó a “mal pensar”.

Hoy, una alumna, me comenta que ha quedado sorprendida ante la presentación caballeresca, en un bar de la zona del Borne de Barcelona, de un profesor de su/nuestra facultad, el cual sin ni tan siquiera conocerla más que de vaga vista, la invita a su embriagador monólogo de pintor curtido y de corazón de exquisito lumpen, pues ha apostado varias veces el mismo en las casas de empeño y se ha empeñado, valga la redundancia, y lo ha conseguido, en ser libre. Esta hijo de la gran puta “dicho con todo el cariño del mundo”, de tanto en tanto, se permite el lujo, puede hacerlo, de expresar, regalar su cosmología, dificilísima de lograr, a un sujeto, generalmente femenino, joven y con ansias de iniciarse en estos alquímicos y heréticos territorios de la pintura. Este colega-profesor, “enfant terrible”, vampiro de amoríos pueriles, "pigmalionanos", amigo de sus pocos amigos, cofrade, "sensei", afeites de antiguas cosméticas, ES EL MEJOR PINTOR QUE CONOZCO. Y fuera de sus extremas extravagancias, una de las personas que más quiero. Y lo es porque ha llevado la teoría y la praxis de lo pictórico a tal extremo, que aquellos que recorremos en transito, de momento exitosos en lo espírico, por estos escabrosos territorios de abisales peligros ególatras, lo tenemos por un gran referente motivador y cultor. Y es así por un doble valor...por un lado siempre ha sido prácticamente igual, excepto por lo accidental del paso del tiempo en sus pieles curtidas por los humos de incienso y mirra en los "cipangos", “los golanes”, “Hindokushes” y tantos otros hogares o simplemente bajo la sombra del árbol del pan o el dulce palmeral del jardín del Edén. El pintor curtido, los hay pocos, cómo el ámbar o el lapislázuli o la malaquita o la limonita, cambia sutilmente y mínimamente cada millón de años. Y por otro lado, ha practicado una misantropía cultura, la cual comparto con mi independencia y defiendo como una necesidad urgente. Mientras este antiguo hidalgo sigue con sus aparentes dialécticas en algún que otro bar entre cuadro y cuadro, auténticos trozos del universo, renegando que las huríes se encuentren solo en el paraíso, otros, también pintamos con ese convencimiento en cuanto a que el mal funcionamiento del mundo es un insulto al sentido común. Quienes hemos decidido vivir en estas dimensiones como extranjeros, alienaciones voluntarias, enajenaciones placenteras, onirismos de “grand tour”, no hemos tenido más remedio que engarzarnos en mitad de la laguna Estigia nuestras alas de plumas luminosas y cuan Ícaros, al contrario que este, guiados al éxito de nuestro vuelo, volar huyendo de esa pesadumbre vortícea de principio sin fin y fin sin principio. Y Lo hemos hecho, porque no nos han dejado otro remedio, porque nuestras bondades fueron revendidas en la podredumbre de cualquier mísera "kashba", porque nuestras perfumadas declamaciones fueron difuminadas por el aliento mortecino de tantos impíos, porque nuestra generosidad merecía ser guardada en lo más profundo de una cueva yóguica en Sikkim, tal vez en Darjeeling.

Mientras este ascético adalid de los “pintares” y los “amaneceres” y los “anocheceres”, recita su "mantra" al oído de esa doncella en un mísero bar de Barcelona, "mantra" disfrazado de léxicos comprensibles por su parte con el fin de favorecer la ascensión de la princesa al “kailash”,  seguimos pintando y pintando convencidos que hicimos todo lo posible por ser entendidos, por hacernos entender, por hacer llegar nuestro sencillo mensaje.

La sana misantropía cultural,  a diferencia de otras misantropías enfermizas e insubstanciales, consiste en un alejamiento del mundo, por parte  de aquel que habiéndose prestado a compartir con este, su sensibilidad fundamentada en el amor y la compasión, decide distanciarse en sus códigos existenciales, muchas veces en los ámbitos artísticos y creativos, puesto que no ha encontrado, pues no podía ser de otra manera más que incomprensión y crítica, recelo y envidia, indiferencia en el mejor de los casos.

Su estatus, fundamentado en una existencia distanciada de aquellos que debieran mejorar su tránsito hacia el común final de la vida, sobretodo alejándose del ego y propiciando la generosidad y el amor, puede ser entendido como una invitación al crecimiento personal de todos estos. La sutileza de esta misantropía se puede entender en lo simbólico, pues su practicante deja descolgada una escalerilla para que quien pueda pues esté preparado, pueda subir a esta maravillosa dimensión donde uno finalmente aprende a conocerse y reconocerse plenamente…solo entonces, es de utilidad auténtica y sincera para los demás.

jueves, 31 de marzo de 2011

EL ARTE ESPEJO DEL SENTIMIENTO, TERRITORIO DE ESPERANZA.



                                             Si buscamos las fuerzas motrices que impulsan al ser humano a crear obras de arte, nos quedamos sorprendidos al observar las variopintas posibilidades en cuanto a constatar su diversidad, no podía ser de otra manera, el hombre crea desde sus cavernas más profundas  expresando sus congruencias e incongruencias existenciales. Es cierto, pues hay tantas y variadas fuerzas que nos invitan a crear, como seres humanos diferenciados que viven sus propios y metacomplejos universos circunstanciales. Todos, eso si,  en nuestras diferencias, pero coincidiendo en lo mismo, puesto que nuestras interioridades, nuestras facultades emocionales, fluctuaciones anímicas,  debates lógicos e  ilógicos, nos llevan, a todos, irremediablemente y salvando la diferencia en la diversidad, a una común aventura.: Todos, absolutamente todos, huimos del sufrimiento, misteriosa, intrínseca e insalvable circunstancia de nuestra idiosincrasia  y ansiamos la felicidad, frágil , efímera y condenada  entelequia.

Lo cierto es que el arte en su complicada fenomenología, no deja de ser una proyección de nuestras profundas dimensiones lógicas, quizás en un grado menor que el de las emotividades, intuiciones, introafecciones, endopatías, sentimientos o como bien se les quiera denominar. Y en ello,  nos disponemos en su proceder proyectivo, a rescatar y comunicar para compartir  nuestros no tan diferentes, cíclicos y repetitivos intentos de manifestar tanto logros como fracasos,  tanto alegrías como penas, tanto sufrimientos como felicidades.

Así como el té puede ser bebido de muchas maneras diferentes sin que deje de ser té. Taza, vaso, botella, jarrón, cuchara, plato… El arte, en sus múltiples corporeidades y espectros, no dejará de ser arte, por muchas retóricas y formas en las que sea manifestado, siempre y cuando sea crisol del Ser y sus sentimientos. Sin el Ser, no hay Arte. ¿De qué sirve un museo por la noche cerrado y sin espectadores?, tan sólo es un contenedor, almacén de objetos. Cuando la obra de arte se dimensiona en una justa medida es cuando tiene ante ella un espectador, un experimentador que desde su Ser establece un código emocional, lógico, intuitivo que puede ser similar o no al que estableció el Ser creador con la obra. Si no hay Ser, no hay Arte.

Esta reflexión, debiera servirnos para ejercer una ética defensa del creador, en tiempos en los que no llega más allá en la mayoría de los casos de ser un eslabón de una cadena de producción, un productor de mercado subordinado a un sistema, el más agresivo y deshumanizador de todos los tiempos.

El Ser, es pensamiento y emoción capaz de dotar a la realidad de una sutileza gratificante, línea capaz de unir dos partes, cómo decía Chillida...también señal constatadora de la separación, la diferencia.

                                  
Creo que si miráramos más nuestros sentimientos acabaríamos siendo ángeles.

Flaubert.


En esta máxima, el insigne poeta, nos invita a ejercer  una llamémosla dignidad ontológica, consistente en adentrarse en los inexplorados territorios del más profundo Ser y  lo hace contextualizando esta aventura  en una dimensión platónica en cuanto al logro de una fortaleza y reconfortamiento del seco y árido Ser. En estas dimensiones, objeto de autoconocimiento, se desarrollan depuraciones drásticas, asesinatos del Ser, renacimientos novedosos de una  entidad cual ave fénix  o ángel. Llega el día en que uno ya ni piensa que es un artista,...es cuando en verdad deviene Artista.

Estas introafecciones, autodisecciones, sustitución de viejas y herrumbrosas maquinarias, aplicación de nuevas tecnologías ensalzadoras de la autoestima, la positividad, tal vez el matiz de la espiritualidad, el potencial de la mente racional, nos acaba de hacer ver, nos evidencian lo que es ad-hoc la capacidad y praxis artística  y creativa del ser humano. Y en ello debieran entrar aquellos que desde el indigno miedo se proyectan por no introyectarse, pues esa introyección, es bien conocido,  se debe advertir, es viaje interior doloroso, desaparición dentro solitaria, espectral y traumática en la mayoría de los casos. Pero no por ello menos necesaria. Pues el manual, hoja de ruta de lo que se intuye que se aprenderá,...el amor en su fragilidad y la preeminencia del fin de la existencia o muerte, lo merecen. Y si la obra de arte es “imaginus-imago” a imagen y semejanza de nosotros mismos, ¿Cómo puede categorizarse de digna si es enajenada y alienada de nuestro Yo, el auténtico Yo, no el superficial Yo, ese no es el Yo.

Y por qué ese viaje interior es tan doloroso y muchos se resignan a pesar de su validez a no realizarlo? Pues por lo que se descubre en estos ignotos territorios, en algunos casos y  se corrobora en otros.

La existencia del ser acaba siendo reflexionada en ellos desde su fragilidad y efimeridad, desde la constante  e insalvable verdad del fin de la existencia, desde la insuperable y angustiosa impotencia de la cesación de la vida, más trágica ecuación cuanto más se encuentre arraigada en el Yo, en el Ego. He aquí que muchas sabias espiritualidades o filosofías recomiendan el trabajo mental en cuanto a minimizar cuanto antes la idea de este Yo exacerbado y sobredimensionado que tanto sufrimiento nos depara desde sus exageradas y caprichosas exigencias. Atanasia, minimización de la idea del Yo, reconversión en lo posible en No-Yo.

Existe el Yo de la introspección, el cual, consciente de su delicada situación, resulta ser el mejor aliado de la génesis del arte, un arte como resultado del autoconocimiento. Este es su motor impulsor, fuerza motriz, el cual establece mecanismos ontológicos de compartición, basados en la búsqueda de cada Ser. Así, se siente en la necesidad y a la vez obligatoriedad de expresarse, hacerse notar, expresar sus dudas y miedos, también sus esperanzas.

Y si nos remitimos nuevamente a las unidades irreductibles del arte, los sentimientos, acabamos entendiendo sus dobles fenomenologías, por un lado, aquellas que sensibilizadas en los márgenes del sufrimiento y el dolor, nos hacen compartirnos en la esperanza de no sentirnos solos en la obviedad de lo acontecible. Por otro lado, aquellos sensibilizados y empeñados en, a pesar de los pesares, disfrutar de la bella sutileza de la vida y sus efímeros, pero pequeños, escasos, valiosísimos, momentos de felicidad.

El tantrismo budista preconiza que el sufrimiento puede transformarse en felicidad, relativizándolo en lo posible desde una potencial mente capaz de ejercer la transformación: ¿Es posible convertir la experiencia de la enfermedad en una extraordinaria posibilidad de crecimiento personal en cuanto a valorar más la vida y la salud?. ¿Es posible que la pérdida de un automóvil nos convierta en caminantes, en usuarios de medios de transporte más sostenibles, beneficiando a nuestro desvalido planeta?.

¿Mente negativa, mente positiva?...caprichosa danza de lo emotivo, irremediable motor generatriz de arte. Un arte espejo del sentimiento, en mi opinión y voluntad como creador plástico, todavía, es una opción, creo que la más válida, útil, constructiva y dignificante y reconfortante, territorio de esperanza. Mente positiva, por supuesto. Sirva humildemente, Por ejemplo, en mi última obra titulada Paradís,

http://rafaelromeropoesis.blogspot.com/2011/03/obra-actual-serie-paradis.html

las diferentes piezas que evocan la idea del paraíso desde la concepción islámica y judeo-cristiana. Ello evidencia entre muchos otros aspectos una reflexión sobre seguramente un deseo acomodaticio en positivo en la trascendencia, claro que desde un decaimiento emocional en negativo bien podrían convertirse estas iconicidades en territorios yermos, desérticos e infernales, todo lo contrario a su jovial e incluso premeditadamente forzado cromatismo vital y exuberancia vegetal (no obstante obsérvese la también premeditada y hermética no presencia de seres humanos y otros animales).


                                  ...Y de tanto desear tener alas, nos convertimos en ángeles, y volamos felices eternamente por el universo.



Rafael Romero.

lunes, 28 de marzo de 2011

LA CRITICA DE ARTE COMO REDUCTO DE ALGUNOS IGNORANTES.



                                         

                                         Hace escasamente un par de meses que se produce en mi vida un reencuentro, grato y satisfactorio, con un “hermano”, cofrade de estas dimensiones del ánimo del ser, del análisis del devenir de la existencia, del hermanamiento en las músicas que comportan el rasgar de los pinceles en el lienzo, y de tantas otras vivencias compartidas que se remontan en el tiempo a aquellas épocas en las que comenzábamos a sentirnos filósofos y buscábamos entre tanto desarraigo, bellos jardines en los que simplemente dejar que nuestros espíritus fluyeran en el intento de buscar el consenso en cuanto a sumergidos en la belleza del pensamiento, vencer el miedo, la  cobardía y la intolerancia.

Este amigo, correligionario, dibujante de nubes y sueños, resulto ser el profundo ejemplo de sensatez en cuanto a que mientras la gran mayoría, recorríamos estos a veces anchos, pero en la mayoría de los casos estrechos caminos del arte , convencidos en evolucionar desde una gran atención en  el  logos, pues bien, él ya lo hacía desde aquello a lo que hemos acabado  llegando en la madurez, en lo poético, en lo estrictamente poético. Para mí, este hermano, jamás se alejó en su vivir sereno de la poésis, puesto que él era y es poésis.

Nos perdimos el rastro por aquellos caprichos del karma, el devenir, lo causal o como bien se quiera considerar, aunque seguramente y en la distancia sabíamos el uno del otro a través de terceros en un plano material, y a partir de nuestra intuición en un plano espiritual o sensitivo, puesto que, y así lo hemos corroborado después, estábamos convencidos de nuestro bienestar, a pesar de los problemas y obstáculos propios de la vida, sabíamos mutuamente que nuestras azoteas seguían bien amuebladas y que en nuestras antiguas valijas se encontraban los mismos libros de antaño, las mismas elípticas sinopsis, los mismos perfumes, las mismas carnes bien curtidas y bien embalsamadas.

Mi amigo entra en escena, corriendo sutilmente los tules de la distancia y el tiempo, y con un gran amor, a la vez muy selectivo en cuanto a dirigirlo inteligentemente hacia quien lo necesita, algo que le caracteriza, expresa desde la economía en la palabra, desde la asepsia semántica, desde una retórica comedidamente potente, que se encuentra en una de las caras de su poliedro existencial, sumido en aventuras en las que se siente cómodo y yo añado que “necesario”. Siendo un excelente y realizado pintor y un excelente poeta, además de escenógrafo, coreógrafo, restaurador conservador y tantas otras dimensiones de esa particular poésis vivencial, ahora está sumido en la crítica de arte, en la gestión cultural y en el comisariado de exposiciones. Pero no en un plano experimental, mi querido amigo está haciendo cosas importantes, de trascendencia pública, de bien comunitario, de crecimiento cultural, trabajando para importantes medios de comunicación e instituciones que desde que cuentan con su inapreciable colaboración, están mostrando, no cabe otro nivel, excelencia.

Ante semejantes noticias, a uno no le queda otra opción más que el regocijarse y como se hace en el tantrismo budista, expresar el agradecimiento en las diez direcciones del universo y en sus tres tiempos: pasado, presente y futuro, y que esa satisfacción se expanda y llegue allí donde haga más falta.   También podríamos plantar un árbol deseando su rápida fructificación como en las tradiciones chamánicas o simplemente escribir como en Japón nuestros deseos y anudarlos delicadamente a sus hojas, y que el viento expanda tanta emoción. ¿Y porqué tanta emoción?.

Recuerdo hace años, y nos remontaremos a los mismos momentos en los que con mi amigo hablábamos de la belleza trágica de los olivos andaluces, o de la incorporeidad de Ionesco, que irrumpió en mi vida, cosas del amor, un personaje vinculado a tal fatal circunstancia, el cual, en unas maniobras estructuradas en la más vil de las estrategias, intentaba extraer de un noble, joven y desvalido pintor, las entrañas nectáreas de la praxis creativa. Esta persona, o personaje, hoy me recuerda a los fantasmagóricos  y trágicos personajes femeninos de Tino Casal, una Eloisa o una embrujada “reina de la noche”, fagocitadora de belleza, ajena a las razones poéticas del arte, pues carecía de contexto e idiosincrasia como para entender la belleza efímera de la flor del almendro o el porqué uno puede enamorarse eternamente de una anónima muchacha turca que atraviesa el Bósforo vespèrtinamente en en transbordador desde Asia hacia Europa. Pues bien, el personaje, cuya máxima sensibilidad consistía en egóticas actitudes cual ver la belleza de su propia imagen en un charco, en el que lo importante no era su efímero rostro, más bien cuantas otras divas previamente realizaron la misma gesta y  hoy son polvo de estrella o surco de arado,  recuerdo tardes altruistas en conversaciones en triángulo con la presencia de mi amada, amor de postín, de olvido borgiano, repasando desde mi siempre particular visión, la historia del arte. ¿Y cual era o fue tanto interés?...aquel personaje necesitaba aproximarse  al alfabeto de lo creativo desde los labios de un creador, tomar buena nota y conseguir unos mínimos como para desde su entonces profesión y estudios cambiar radicalmente y desde su egotismo cada vez más creciente  y acentuado convertirse en la capital mundial de arte, en crítica, comisaria, “currator”, llegando a trabajar y firmar para grandes publicaciones. Claro, ello seguramente, conociendo al personaje, entre favor y favor y fagocitación y fagocitación, de imprudentes artistas.

Leer sus críticas hoy, !que Dios nos pille confesados¡, no deja de ser inmersión en mercadería barata, puesto que este tipo de críticos de la nada, al no poseer, por mucho que lo hayan intentado en su vampirismo, de una sensibilidad “cultora”, devienen irremediablemente y afortunadamente pues les vemos el “el plumero” en relatores de eventos y en serviles  títeres de las modas al servicio del no menos insensible e insensato monstruo neo-liberal, del objeto comercial, del arte y el artista “cosificados”.

Así leo las críticas de mi buen amigo, jardinero fiel, y las comparo con las de esta malograda crítica, pues los logros se consiguen cuando la honestidad y el trabajo son una misma cuestión. Y percibo rápidamente, que irremediablemente para escribir, hablar, ensayar sobre arte, se debe partir de un corazón artístico, y si ello no es posible al menos de un corazón noble, motivado sin la menor duda en la honestidad.

Claro que mi amigo ha gozado en su bagaje de las mieles del arte,  pues él las ha creado y defendido y ensalzado, y despojado de sus retóricas innecesarias y ahora goza del beneplácito hacia una de las más arduas tareas ante las cuales debe intervenir el ser humano, la tarea de poner palabras a aquello, cómo por ejemplo en mi interés la pintura, la cual carece de ellas, pues no las necesita. En ello, con una delicadeza procedente de ser hombre religioso como para hablar de dios o monje tántrico como para poder explicar los símbolos del universo mandálico, o ser poeta como Onetti para hablar de poesía, mi querido amigo escribe con pluma elegante y medida, “cultora”, sobre un arte vivido con sensibilidad artística.

Así como creador, loa la creatividad, y como destructor, destruye aquello que carece de dignidad y supone engaño, fraude, y servilismo, algo que en esta ecuación sería defendido por críticos como la personaje expuesta anteriormente.

En ello se fundamenta esta mi emoción,  en sentir que mínimamente y entre tanta gratuidad, aún quedan críticos de arte que hacen bien su trabajo. Y ¿Cual es el trabajo de un crítico de Arte?. Yo, opino, que debe ser el de convertir, desde las valiosas facultades  humanas de la razón y la emotividad, el arte en objeto de conocimiento por encima de objeto de mercado, y en ello dignificar el papel del artista, como entidad cultora, sensibilizadora, crítica, transformadora, incluso transmutadora. Y denunciar a quien se aleje de estos “éticos” parámetros tan propios de la necesaria  fraternidad y concordia humana.

Pero quedan torres muy altas que debieran caer. Puedo hablar de ello, pues lo he vivido en mis carnes en estos más de veinte años de aventura artísticas, y puedo decir que la mayoría de críticos que he conocido, por haber escrito sobre mi trabajo, o en general por seguir sus crónicas periódicas, no han sido más que personajes, a la altura del anteriormente expuesto, controversia al crítico de “moral abierta”, el amigo del feliz reencuentro. Así puedo decir en mayúsculas que hay críticos cuyos trabajos se realizan simplemente y sin conocer al artista en un visualizado fotográfico de sus obras en un catálogo. Otros cuyo trabajo, además de sus minutas y dietas pagadas por el medio para el cual escriben, exigen obra del artista a cambio de su pluma, puedo hablar de colecciones importantes de arte contemporáneo conseguidas a través de esta vil práctica en manos de al menos de los dos grandes monstruos sagrados de la critica en Cataluña. Puedo señalar igualmente pues los conozco, que hay críticos que escriben océanos de tinta en numerosos medios tan solo por su afiliación a ciertos partidos políticos en el poder, favoritismo, tráfico de influencias sin duda...

¿Dónde está la moral, la honestidad, los sentimientos?. ¿Porqué entrar en estas dimensiones humanas, si se carece de ella?.

Satisfacción porque un poeta escribe sobre poetas, un pintor escribe sobre pintura, un ser humano escribe sobre el hombre.

Y  dejamos de ser “cosificados” y subordinados al mercado, a la política, al ignorante. Y lo escribo muy claro, en base a lo que siento y a la experiencia, sobretodo dirigiéndolo a quien lo pueda necesitar en lo reflexivo, también pensando en mis alumnos, pues en muchas ocasiones escribo este tipo de líneas en el interés de favorecerles y animarlos, en este caso, categorizando que en muchas ocasiones, las críticas negativas respecto a una obra de arte, pudieran ser entendidas como “gloria bendita” viniendo de quién vienen.

Ojo con la crítica de arte o “no es oro todo lo que reluce”. O tal vez decir, que en muchas ocasiones la crítica del arte es reducto de los ignorantes.

!Ánimo mi querido amigo, jardinero fiel, crítico noble¡. 


Desconfiar de ciertos críticos es algo sano y evolutivo.





Rafael Romero

martes, 1 de marzo de 2011

EL OLOR DE UNA MONTAÑA DE MENTA FRESCA O LOS ASPECTOS SUTILES DEL VIAJAR


                             

                                            No me interesa demasiado la experiencia del viaje dentro de la convención turística ya que ello predispone en general a la desvirtualización de la experiencia en esta sociedad en la que prepondera más la opción del tener por encima de la del ser. En ese sentido, he procurado, en la medida de lo posible, practicar estas aventuras de crecimiento desde parámetros bastante atípicos y no por ello antinaturales, más bien todo lo contrario, he puesto mucha atención en viajar desde esta particular idiosincrasia artística que te hace detenerte  por doquier  con atención y minuciosidad plástica, “poética”, señalaría nuestra universal pensadora María Zambrano.

Así, puedo recordar muchos episodios, los cuales bien seguro generaron a posteriori conclusiones, para mí existenciales, dispuestas a ser compartidas en forma de  dibujos, pinturas u otros soportes creativos.

Claro que la Basílica de Santa Sofía en Istanbul debe ser entendida cómo una inigualable construcción Bizantina, palimpsesto, reconvertida en Mezquita. Pero a mí, tal vez, en esta particular manera de entender lo visible como objeto pensado, y una vez superadas en ocasiones viajeras previas, sus contenidos para turistas de sandalia y calcetín blanco, se me apetecía como una gran pajarera, en las cubiertas de la cual, se posaban los grandes albatros a degustar fresquísimas caballas migratorias, fijate tu,  la historia del pez  que, después  de un tránsito de miles de kilómetros por el mar negro, esquivando las flotillas pesqueras rumanas y ucranianas para encaminarse a través del Bósforo en dirección a las antiguas tierras del logos y la mitología, pasando por la Isla de los Príncipes, el Mar de Marmara y el estrecho de los Dardanelos; caprichoso y cruel el destino, acabó  destripado y devorado en el alminar de uno de los más grandes monumentos de la historia de la humanidad .

Claro que los aguadores que venden sus aguas minerales frescas, en Sultanahmet o en el bazar egipcio de Istanbul,  ataviados como antiguos jenízaros, podían resultar fácil instantánea para álbum de tertulia de sábado por la tarde, pero precisamente denotaban en mi pensamiento el paralelismo con los aguadores de la corte y villa,  antiguo oficio de la España ladina velazqueña.

Claro que aquellos apetecibles y sabrosos platillos de entrantes como el  locum ,los  döners, las pastirnas, pilav y otras delicadeces,  servidos en las concurridas terrazas nocturnas de Taksim podían recordar a muchos turístas de crucero a a la popular comida griega de Tesalónica o Lesbos, craso error, por ser esta, la turca, la cuna sin discusión de todas las cocinas del mediterráneo oriental.

Claro que la torre de Leandro o de la "Doncella", no dejaba de ser, a parte de misterioso lugar que alberga dos "turísticas" leyendas,  un observatorio, en el sentido pragmático, estratégico, aduanero y de confronta de la entrada y salida de las naves del  Bósforo, pero también podía ser  visto, si así apeteciera, como una privilegiada atalaya para vivenciar los amaneceres de esta polis cuyos amaneceres son recordados por Loti, Nerval y tantos otros grandes literatos como  estampas dignas de ensoñación y enamoramiento. Allí, bañada por las saladas espumas marinas, la torre no dejó nunca de ser también  para mis estrategias vitales un lugar donde ver el transito de las nubes europeas que devienen recordando las plumas de las alas de la victoria de Samotracia, entrando en el distrito de Üskudar, más asiáticas que nunca.

Claro que  las declamaciones jaculatorias, expandidas por mágica megafonía,cinco veces al día, desde los centenares de grandes, medianas, pequeñas y minúsculas mezquitas de todo Istanbul, podían resultar simplemente exóticas para  quienes proceden de lugares en los que la espiritualidad  simplemente y definitivamente desapareció sin más, sin rastro, recuerdo o remordimiento. La llamada a la oración es el más grande de los pilares de fe islámica, aquí no dejó de ser emocionante, desde esta atípica manera de dignificar esta traslación espacial y temporal que supone el viaje,  recordar al profeta  y sus mensajes revelados.  Recordar la sombra reconfortante de la Ka aba en La Meca,los sudarios inmaculados de lino de los primeros sultanes, el dolor de la mortal escisión Suní y Chií entre seguidores de descendientes del profeta y renovadores en la libre designación de la cabeza visible del Islam. Y todo ello entre dulces melodías místicas del ney y las tradiciones poéticas cantadas por los  autodenominados “tontos”, “idiotas” e “ignorantes”, los místicos Sufís descendientes de Mevlana Rumi, loado sea, en todas las direcciones del universo..

Pequeños adminículos, sumativos,  reflexiones laberínticas, algunas llanas, dimensiones del recuerdo, introafecciones danzantes, fórmulas magistrales, colores inimaginables, todos los poemas, todo es un poema. El artista, no hablaré por mí, sería irrelevante, pero si hablaría pensando en otros, grandes, inconmensurables, dedicaron sus viajes a los demás, sencillamente enseñándonos que  vivenciar el viaje no es más que una extraordinaria oportunidad de desatar nuestras más que seguras y reprimidas emociones y sentimientos. Viajar no es más que una interesante manera de desaparecer dentro de uno mismo, de hermanar sin tapujos nuestra razón y nuestra pasión,

Toda esta búsqueda de los aspectos sutiles del viajar,  nos recuerdan igualmente, que ante tal cantidad de néctar de embriaguez, cómo el que da lugar al síndrome de Stendhal,  tanta desbordante vitalidad, éxtasis y belleza, debieran ser ejercitados en los márgenes de la economía. Ello me lleva para finalizar esta reflexión, a pensar, en que en la mayoría de las últimas ocasiones, las múltiples caras  de este enorme poliedro de sensaciones, tienden alquímicamente a reordenarse en una síntesis, entendida esta cómo la natural tendencia que experimentamos todos los creadores plásticos en la madurez, en cuanto a dejar de ser lo que quisimos ser en la pubertad, filósofos para entender el mundo, para transformarnos ahora en poetas, simples practicantes emocionales del mundo o lo que es lo mismo: ...desandadores  de múltiples caminos, para andar el único camino,  el que nos lleva  desde la preeminencia de la inteligencia humana al AMOR y de ahí, llegar cuanto antes a la deseada NADA, vacuidad desprovista de significación.

La última vez que viví mi querido, cíclico y amado Istanbul, lo reconozco, amo esta ciudad, pues es mi ciudad, en el aeropuerto internacional Mustafá Alí Kemal  Ataturk, mientras esperaba el embarque, no paraba de interrogarme a mí mismo respecto a cual había sido en síntesis la vivencia dominante en aquella valiosa experiencia. Difícil ejercicio de síntesis, pues este quizás había sido el más maduro de mis viajes a la polis, también aquel en el que más se manifestaba la razón poética. Tras minutos de ordenación anímica, no quedaba  la  menor duda, a pesar de muchas candidaturas, jamás, en el resto de mis días, podría dejar de pensar en lo mínimo y a la vez emocionante recuerdo que suponía, el alargar mi alma a una montaña de varias decenas de kilos de recién segadas hojas de menta en el mercado marítimo del distrito asiático de Üskudar. Cualquier conjunto de palabras añadidas a la experiencia resultarían un insulto a la misma...

                            sólo cabía callar y recordar aquel inigualable, profundo y trascendente olor a menta fresca.

Podríamos decir por tanto, que para el poeta, el creador, la vida, el mundo, el universo,...pueden subordinarse sin más a su voluntad, por ejemplo y porqué no,  al dulce aroma de la menta fresca recién cortada.



RAFAEL ROMERO.

jueves, 10 de febrero de 2011

EL ARTISTA Y EL COMBATE.


EL ARTISTA Y EL COMBATE.

A mis alumnos descorazonados y desmotivados de la Facultad de Bellas y a cuantos artistas y creadores pudiera, humildemente, interesar.

                 El auténtico artista, aquel cuya motivación vital es profundamente humanista y pone todas sus habilidades, intelectuales, físicas y espirituales, al servicio del hombre, sufre actualmente no sólo un descrédito por parte de la sociedad, sino también una persecución, que debería procurar como justa respuesta, una invitación al combate por su parte.

No se trata del artista mediático, de “moral cerrada”, aquel cuyas mieles son puestas únicamente al servicio de su ego, reconocimiento, fama y cuenta corriente. No, no se trata de este tipo de mercenarios, que juegan al juego dirigido por este desorbitado neoliberalismo. No se trata de este artista de la extravagancia y  bragueta fácil, de la mamarrachada carencial, del paseíllo por las nocturnidades de la “madre coca”, caniches de sus señores y señoras. Estos, gozan del beneplácito pues son serviles y poco problemáticos y se han “cosificado” desde su obsesión por el “tener” frente al “ser”.

Este artista del descrédito y la persecución, en cualquiera de los amplios márgenes del arte, es el artista todavía fiel a sus ecos existenciales, profundamente altruista, ha decidido dedicar, incluso sacrificar su vida en pro de aportar con su trabajo y esfuerzo un granito de arena en la mejora del hombre y el mundo.

Paradójicamente y lamentablemente, este, por ser entidad pensante y sintiente, pasa a ser inmediatamente categorizado como “mosca cojonera” por la vileza de aquellos de dudosas intenciones que mueven los hilos de la sociedad y que se sienten amenazados por estos perfiles, “superiores” en todos los sentidos a ellos. Debería ser lo contrario, en estas degeneradas sociedades, las que están convirtiendo al ser en una simple “cosa”, creo que lo son todas, este, el artista-pensador, debería ser considerado objeto de consulta, ente indispensable en la fuerza motriz que debería arrancar al mundo de la mediocridad en la que está anclado. Y todo ello por una sencilla razón, puesto que este artista de la autenticidad, aún conserva algo, nectáreo, alquímico, resolutivo, tesoro a cuidar y preservar, como son sus sentimientos. Sí, los sentimientos, emotividades, intro-afecciones o como se quieran llamar, son hoy por hoy el único antídoto a esa conversión veloz de hombre en cosa. Y es que el artista es poseedor, por sus silencios y reflexiones, ontología pura y dura, del sentir que vincula a la vida, a la existencia, en condiciones éticas y  morales de construcción y beneficio para todos. Pero el estrecho vínculo que une sentimiento con pensamiento genera miedo al poder y este dota al artista cada vez más, desde la suculencia del vil metal a ponerse al servicio del mismo desde actitudes cada vez más alejadas del sentimiento y el pensamiento, he aquí el ejemplo del arte de concepto, deshumanizador en la mayoría de los casos. Deshumanización  que dota al ser de un estatus vital únicamente como consumidor y como contribuyente  (pagador de impuestos).

Pero es que esta circunstancia, no solo es vivida en las carnes del artista, llamémoslo “emotivo pensador”, humano o humanizador ,en los contextos específicos del arte, sino que lo más grave, es que en su día a día, en la sociedad, a pie de calle, entre sus vecinos, conciudadanos, entre la masa, a veces con toda la razón “populacho”, también debe ejercer una lamentable pero necesaria minimización, un hacerse anónimo, un desaparecer dentro de sí mismo. Esto ocurre, porque en estos países de pandereta, cómo en el que vivimos, país de lumpen y jerigonza, de fraude, corrupción, del sálvese quien pueda, de prevaricación, fraude fiscal, inmobiliario, de justicias partidista, de políticas sociales de postín de mal llamados políticos que poco tienen de socialistas y otros menos tienen de populares, o de ecologistas. Pues bien en este tipo de países como en el que vivimos, aquel que manifiesta, aunque sea a través del arte, sus emotividades, es fagocitado, devorado, anulado, mancillado. Veamos sino como ejemplo muy significativo, en la base, creo yo, fundamental de una correcta sociedad, como lo es la educación, cómo, a aquel que demuestra abiertamente y sin tapujos, desde la naturalidad y bondad roussoniana sus emotividades, rápidamente cual apestado, se le suele reconducir, reeducar en los valores predeterminados que le son diseñados , normas del juego, poca o nula autonomía de pensamiento y mucha subordinación de la transparencia de corazón y sentir a categorías semánticas y conceptuales sinónimos de debilidad y fracaso. Gran error, pues la emotividad pudiera haber resultado (ahora creo que ya es tarde y utópico) el auténtico eje salvador del mundo.

Así me encuentro cada día más actitudes de hastío entre mis compañeros de armas, en los cuales desde ese pressing emocional, persecución, ser mirados como bichos raros, incomprendidos, objeto de burla por ser capaces de mostrar sin tapujos sus manantiales anímicos más puros, se encaminan a un cambio en dos dimensiones contraproducentes para sí y para el mundo. Una, la de seguir ejerciendo el arte desde una postura seguramente menos traumática y dolorosa en un principio, pero a la larga deshumanizante y servil, segura y nuevamente cosificadora, postura basada en la ocultación por pudor, vergüenza, trauma, etc. de sus sentimientos más puros, los que parecen molestar al impío. Otra, la de dejar atrás el ejercicio de la creatividad y el arte, puesto que este no ha supuesto para él, por encontrarse en un contexto y en unos tiempos nada propicios para lírica y la poésis una auténtica y traumática carga.

Yo últimamente me he encontrado muy a gusto en los márgenes intelectuales de la misantropía, tal vez es una fenomenología de causa-efecto. Lo cierto es que esa reprobación del hombre contemporáneo, no tiene aunque pudiera parecerlo tantas connotaciones negativas, más bien lo contrario, creo que es necesario ejercer un combate ante todo aquello que suponga un ataque a la potencial grandeza humana, y en ese sentido esta misantropía se basa en intentar mostrar al hombre cómo no se debe ser, claro desde valores éticos, morales y espirituales, de paz, construcción, igualdad, etc. Es por ello que animo últimamente mucho, sobretodo a mis alumnos, que vienen buscando en mí consuelo ante la feroz hostilidad del mundo hacia sus cándidas, aún tiernas e idealistas ánimas creativas y artísticas, pues bien, les animo e invito, así como invito a cualquier persona que se encuentre en esta circunstancia, a no abandonarse jamás. A combatir sin olvidar que actitudes como las románticas aún hacen más mal a nuestra cruzada. Son tiempos de activismos de combate artístico, y ello se puede hacer con una gran convicción fundamentada en el sentirse poseedores de una verdad, los sentimientos puros, las emociones, el altruismo por compartir. No hay que asomarse al abismo en melancólicas posturas, son tiempos para poner a cada uno en su sitio, para aprender a decir NO, para no dar cuerda ni juego a todas esas hordas de bárbaros devoradores de corazones, más bien hay que cortarles radicalmente la cabeza (en un sentido metafórico, se entiende). El artista actual de moral abierta debe ser fuerte, defender a capa y espada sus sentimientos, enfrentarse al mal, a las sombras y morir luchando en el intento de dignificar a través del arte y la creatividad lo poco que nos queda de humanos.

Sólo así, ojalá, podremos, unidos, mostrar al mundo aquello que siendo o no artistas podemos utilizar para recuperar el tiempo perdido. Las dimensiones internas del ser, aquellas que en definitiva nos impulsan a alcanzar desde el amor en su más amplia dimensión, la soñada felicidad.

Rafael Romero.    

miércoles, 2 de febrero de 2011

LA TAUROMAQUIA ES ARTE


La tauromaquia es Arte.

El término tauromaquia procede etimológicamente del griego y en esa raíz hace referencia a la lucha que se establece entre el toro y el hombre, bueno, tal vez habría que plantearlo al revés, la lucha entre el hombre y el toro, pues es este, el hombre, el que subordina al toro en su ataque hacia él ya que el animal lo que hace es actuar en una simple defensa, lógica causa-efecto. Las corridas de toros han despertado vivas polémicas desde sus mismos comienzos entre partidarios y detractores y hoy en día es reconocida como una actividad artística, un arte, y sino que pregunten en el Ministerio de Cultura a la Sra. Ministra Sinde. Incluso sus sujetos, los toreros, en su nomenclatura más elegante, pues “matador” entra en la insolencia, al menos desde la sensibilidad de nuestro estatus cómo ciudadanos que somos de países avanzados y civilizados, ejemplo de igualdades y políticas sociales envidia de medio mundo, pues bien, estos señores, incluso se autocategorizan como “maestros”. Claro, que desde la ignorancia que abunda en esta paradójica nación que hasta tiene forma de piel de toro, no se tiene ni idea de lo que es un maestro. Tal vez, algunos contextos espirituales e incluso culturales de la milenaria Asia, pondrían en evidencia cuan gran barbaridad están preconizando estos señores, puesto que allí maestro no es más que quien encarna la sabiduría y el método o métodos para enseñar a cuantos discípulos lo deseen a liberarse del sufrimiento y liberar a otros del sufrimiento, véase por ejemplo ello en el contexto del bodisatva en el budismo mahayana. También a Jesús se dirigían respetuosamente sus discípulos llamándole “maestro”, alguien que enseñaba valores y normas profundamente humanas y pacifistas y por lo tanto alejadas de tan vil y atroz sufrimiento (el que ocasionan estos “maestros”). Yo he tenido algunos maestros en mis variopintas andaduras, recuerdo concretamente a uno, un anciano lama tibetano el lama Chodrak, al cual daba gusto ver y oír, pues todo él era ejemplo de humanidad...este hombre si que era un verdadero maestro. También es cierto que en esta vida cualquier situación que te enseñe a mejorar es una buena enseñanza, en ese caso, tal vez aquí se encontraría la única excepción como para poder denominar a estos matadores de animales en espectáculo, como maestros, considerando que a mí me enseñan con sus actos como no se debe ser, y ello es enseñanza, y si ello es enseñanza, aquí me callo y sí, efectivamente, habrá que darles la razón y llamarles “maestros”. Aquí, en occidente, el término maestro tiene su raíz etimológica en el latín (del lat. magister, -tri), y hace referencia en sentido general, a una persona a la que se le reconoce una habilidad extraordinaria en una determinada área del saber, con capacidad de enseñar y compartir sus conocimientos con otras personas denominadas discípulos. “Habilidad extraordinaria en el área del saber”,...ello me hace pensar en Sócrates, Averroes, Galileo, Séneca, Leonardo, Kant, Hegel, Heidegger, Simone de Beauvoir, Borges, Nerval, Leopardi, Chopin, Tagore, Gandhi, Vicente Ferrer y tantos otros que en nada son comparables obviamente con el extravagante Jesulín de Ubrique o el prepotente y chulesco (por las goyescas, claro), Fran Rivera (dudo si se escribe con v o con b, fíjense lo que me preocupa el personaje).

Ahora resulta que además son artistas pues ejercen su actividad, profesión, trapicheo laboral, en los márgenes del Arte. En ello estoy totalmente de acuerdo y no voy a discrepar. Aquí si que voy a estar categórico, mira por donde, en que estos señores son artistas y lo que hacen es arte. No lo voy a dudar ni un segundo y aquí si que les voy a ver en la misma clasificación que a Sorolla, Chillida, Granados, Irving, Machado o Benedetti, claro que sí. Y no es por la estratégica y tan perseguida entrada, por ser creadores de arte, en el ministerio de Cultura, el de la señora Sinde, que bien pudiera seguir dedicándose al cine para ver si con más horas de dedicación pudiera dignificar y mejorar un tanto su mediocre filmografía. No, tampoco lo voy a hacer analizando lo que hacen en el ruedo, que no es más que una ficticia imposición del prepotente y racional ser humano frente a la bestia (un pobre herbívoro, tontorrón y noblote al que han sacado “bravura” a base de acosos, lanzazos, revolcones, derribos y humillaciones en las dehesas de esta “queridísima España”, cañí sin la menor duda). Lo que ocurre en el ruedo, es una coreografía tan patética y deleznable, mezcla de socarronería y testosterona machista, paseítos marcando paquete en un fumadero improvisado de deslenguadas conversaciones y hambre de sangre, horror y sufrimiento. Me voy a referir a una cuestión de contenido, y es que este Arte, el de la Tauromaquia, lo es, por el lamentable y contemporáneo vacío relativo a la falta de definición de precisamente lo que es Arte.

La fractura novedosa en la iconicidad artística que supuso la aparición de la fotografía, llevaría a una gran parte de creadores a comenzar a preocuparse a partir del siglo XIX por otros valores mucho más próximos al sentir que a la representación. Así, desde la preocupación impresionista por la luz y sus cambios, la evasión egótica de los post-impresionistas, las experimentaciones valientes e innovadoras de las vanguardias artísticas, el arte( me estoy refiriendo a contextos de las bellas artes pues son aquellos en los que más conocimiento tengo, aunque ocurriría exactamente lo mismo en otras manifestaciones como la música, la literatura, el cine, las artes escénicas etc), ha sido una vorágine de posibilidades variopintas encaminada cada vez más, sobretodo tras las aportaciones, interesantes, pero profundamente deshumanizadoras, “cosificadoras” del hombre por parte de Marcel Duchamp, a la imposibilidad de poder contar con una convincente definición. He aquí que aparecen postulados como consecuencia relativos a “ la muerte del arte” o lo que es lo mismo, al categorizar y dar validez respecto a que , cualquier cosa,  puede ser arte. Por tanto, en este vacío de intención malignizante, subyugadora del ser humano como ente dependiente que no ente pensante, no me cabe la menor duda de que: LA TAUROMAQUIA ES ARTE.

Sí, cualquier mierda, es arte, disculpen la expresión, claro que la tauromaquia es arte y estos “carniceros del paseíllo y el testículo casi herniado” son por supuesto artistas. Si dejar morir a un perro por inanición, es arte contemporáneo, los toreros son también artistas contemporáneos, si enlatar excrementos de artista y comercializarlos es arte contemporáneo, el pasearse con un rabo y unas orejas recién cortadas por un ruedo ovacionador, también es arte contemporáneo. Por lo tanto, es cierto, que el toreo es arte contemporáneo. También el tanquista que reventó la femoral a José Couso es un gran artista, fijaros todo lo que ha movido tras su acción. También la caída de las torres gemelas pudieran entenderse como espectáculo, arte en vivo, performance, miles de personas ardiendo, derritiéndose en queroseno inflamado, pudiera ser objeto estético por parte de cualquier mamarrachada conceptual (hay algunas cosas interesantes en el arte de concepto, pero la mayoría son insustanciales). También debería haber un pudor en la muerte de un ser indefenso como un toro, y digo indefenso, no por sus naturales defensas (diseñadas por la madre naturaleza para sus rituales de cortejo en muestra de fuerza con otros aspirantes por montar a la vaca), me refiero indefenso porque arrancado de la tierra, es lanzado a un cruel cadalso de pandereta en donde lo peor que le ocurre no es la pérdida de la vida en un sufrimiento indescriptible, sino que lo peor es la pérdida de su dignidad.  La tauromaquia, insisto, en este degenerado momento artístico:  es Arte.

Aquí es donde yo reflexiono en cuanto a que si artista hoy en día es cualquier mamarracho con su mamarrachada, o cualquier maestro de muleta y montera (asesino de rumiantes por el vil engaño), pues bien, yo he dejado de ser artista. Tal vez, al respecto, hubiera que reinventar la terminología y encuadrarnos aquellos que entendemos el arte como una excepcional oportunidad de defensa del humanismo, la paz, la concordia, la igualdad y la no-violencia, bajo otra terminología, a mí me sigue gustando el término de “moral abierta” de Bergson y algo bello al respecto podría ser empezar a transformar tanta mediocridad que campa libremente por los amplios senderos del arte actual hacia meramente valores de moralidad atemporal y universal. Tal vez el auténtico artista es el que “crea”, concepto vinculado a creación y por tanto contrario a destrucción.

Rafael Romero.
Creador Plástico.
Doctor en Bellas Artes. Profesor de la Universidad de Barcelona. 

jueves, 13 de enero de 2011

El arte en su génesis y desarrollo como un problema de “moral abierta” y “moral cerrada”.



El concepto de Moral Abierta,  término empleado por Bergson en Las dos fuentes de la moral y la religión, es un término que hace referencia a una determinada manera de actuar en ciertos individuos, los cuales, estando alejados de una moral cerrada, egoísta, direccionista, impuesta e inmovilista, se encaminan a una experiencia vital próxima a la creatividad, la mística, la santidad, el amor y otros valores tan necesarios en la humanidad. El Sócrates de la libertad de espíritu, el Jesús de la caridad, el Rousseau del sentimiento de la naturaleza, el Picasso de la ilimitada espontaneidad creativa, pudieran resultar un muy buen ejemplo al respecto. El arte actual, y sus artífices y dinamizadores, se ha posicionado mayoritariamente, hoy en día, en una postura de moral cerrada, dirigida por un deshumanizador, interesado y agresivo neoliberalismo en el cual, el hombre-artista, como un mero eslabón en la cadena de producción, deviene ya no solo un servil peón de intereses del mercado de la cultura, sino incluso un abúlico ser, ausente de cualquier razón válida para vivir fuera del refugio de lo económico, la credibilidad social, la fama y el reconocimiento. Sartre, se refiere a este tipo de existencias cómo absurdas, pues sus protagonistas no han reflexionado apenas sobre el sentido de las mismas. Escaseando en ellos, motivaciones y razones válidas para vivir, el pensador existencialista, invita a estos a la acción cómo único refugio contra este absurdo. Será esta necesaria acción la que delimite en la praxis quién de entre tanto artista decida quedar en esa moral cerrada o salir de ella. Claro, este artista de “moral cerrada”, en definitiva no es más que víctima de sí mismo. La sociedad en la que se acomoda, parece ofrecerle aquello que le libera de su ausencia de personalidad, de sus complejos individuales, fracasos sociales, profesionales o sentimentales. Pero todo ello es una ficción, confundido por un muy actual y necesario Eudemonismo Epicúreo, aquel que preconiza que el fin último del hombre es la felicidad, cómo el Fausto de Goethe, se vende a lo fácil desconociendo que en el esfuerzo de la acción, se encuentra la medicina nectárea a todos sus males, sobretodo porque en gran medida se libera del espectral ego y sus más que seguros y a la larga fracasos.

Ya lo señala Kant, en cuanto a que la esencia del hombre es actuar y por tanto poner en marcha la acción, y no hay una acción más libre y satisfactoria que el arte (el artista de moral cerrada confunde la acción libre de crear con la acción con restricciones de trabajar, producir y contentar. En esta diferencia se encuentra el idealismo del arte).

Existe por otra parte otro palo en la rueda para este artista de moral cerrada, consistente en una falta de adaptación en sus relaciones humanas, es decir una cada vez más notable incapacidad de dialogar con los otros y comprenderlos en lugar de enfrentarse a ellos,…otra evidencia bien contemporánea de la moral cerrada, que antaño era paliada por las sanas tertulias artísticas, debates, agrupaciones en pro de la consecución de logros comunes y benéficos y tantos otros encuentros cofrades en los que se apreciaba afectividad  y muchos otros valores del orden del corazón. Algo hoy difícilmente observable pues en esa moral cerrada se manifiestan como consecuencia de la cerrazón, la ignorancia y la falta de acción libre, competencia, enfrentamiento, reserva de conocimiento, prepotencia y demás adminículos cual salidos de la caja de Pandora. Y como no, una falta de alegría que no es más que un efecto de los buenos resultados del sano trabajo personal (en el artista bien motivado, aparece habitualmente como la posesión de un bien imaginario, por encima de la alegría del artista de moral cerrada el cual es feliz por la posesión tan solo de bienes); aquí se puede reflexionar sobre la generosidad o en su contrario la economía afectiva de los artistas.

Rousseau en su Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres demuestra que la vida social, al crear las desigualdades entre los hombres, especialmente a causa de las necesidades de la agricultura y la metalurgia, corrompió la naturaleza, originariamente buena, del hombre. Hoy en el contexto del mundo del arte podemos categorizar que esas necesidades productivas y de mercado pueden llegar a ser alienantes y conducir al artista, cómo es cada vez más constatable, sin la menor duda a una corrupción de la génesis, proyección y conclusión de su obra. En conclusión, si el arte carece de una base moral altruista abierta, ¿qué ha de ser de su potencialidad exógena cómo motor impulsor del mundo? ¿acaso así, no ha de convertirse en un sistema más de mera sustentación económica? y ¿dónde queda en este arte-mercado, el egotismo en el que el creador analiza sobre si mismo sus más sutiles sentimientos para ser compartidos? ¿dónde se encuentra, si es que no ha desaparecido ya, aquel conócete a ti mismo, socrático?

El artista de conciencia, aquel que se siente identificado en el amplio mosaico de las emotividades de la moral abierta, recibe con dolor las posturas contrarias, las de moral cerrada, las del arte simplemente como sistema de producción y mercado. Pero este dolorismo tendrá una gran trascendencia estoica, en el sentido que servirá como factor de endurecimiento físico o moral, enriquecimiento en definitiva de un hombre que detiene los impulsos de la vida animal y adquiere hegemonía particularmente eficaz para la creatividad. 

Así pues, como efecto de toda esta causa, el dogmatismo que impone la férrea y absurda industria del arte, condiciona en la mayoría de los casos a un creador de la intolerancia, el fanatismo y el servilismo hacia este sistema que le convierte en mero eslabón de cadena productiva. El rico eclecticismo de antaño, consistente en extraer diferentes principios de varias doctrinas distintas fusionadas en un sistema único,  viene a ser substituido por la tendencia comisariada, unidireccional y dirigida, convertida en el centro del universo. El artista en ello, es despojado, si quiere triunfar en estos lares del bien material, de su innato principio de moral abierta, la cerrazón del sistema, le lleva a una moral cerrada, de élites que en la mayoría de los casos convierten el arte en algo infértil y sobretodo artificial y fictício desde su endogénesis.

El altruismo cómo principio de la conducta moral abierta, el que designa la preocupación desinteresada por el bien común, el de los demás, implica en su desaparición en estos contextos y en otros muchos pertenecientes a otros ámbitos contemporáneos, una preocupante deshumanización. Lejos de la angustia que ello puede provocar al artista de moral abierta, un extraño miedo indeterminado se apodera de él, un profundo y complejo conjunto de pensamientos existenciales que le marcan un claro camino que se cierra al servilismo hacia el corrupto sistema del marketing y la gratuidad. Este creador, es capaz de inmolarse para a continuación manifestarse resucitado, reconvertido, saneado, salvado cual ave fénix. Para ello debe condicionarse por un gran ascetismo creativo, además de ejercer un gran combate interno que justifique sus reivindicaciones  en la reflexión y en el ejemplo a través de una idealista mortificación basada en el hecho sobretodo de no ceder un ápice a las voluntades ajenas, más, cuando estas le relegan, insistimos, en ser un obrero productor de ganancias sobretodo para manos ajenas. Esta elevación moral, debe ser más que nunca auto sugestiva, sugestión que nosotros mismos, los artistas, debemos provocarnos, condicionando nuestra propia disposición a evocar continuamente la idea de dignificar la creatividad y el arte desde la defensa a ultranza de su pilar, el artista, nosotros mismos.

Al  artista, bien motivado y arraigado en los valores de moral abierta y de cum scientia, acompañado por el saber, y su consecuencia, la obra de arte de calidad, deberán subordinarse si optan por un “savoir faire”, inteligente y productivo, otros elementos del arte-sistema, como galerías, ferias, museos, colecciones, etc. Aquí sin la menor duda ganamos todos, pero sobretodo el ciudadano de a pie, aquel que cada vez, lamentablemente, entiende menos lo que es el arte contemporáneo, no tanto por carecer de bases pedagógicas, estas son fáciles de dinamizar, sino porque sigue asomándose a algo que carece de sentido para él, algo distante, frío, gratuito e insubstancial en la mayoría de los casos, algo que le relega a una distancia e incluso a un justificado mecanismo de rencor y resistencia por sentirse marginado y estafado ante esa también consecuencia de insistir por parte del sistema en un arte elitista basado tan solo en la podredumbre del poder adquisitivo.



Rafael Rom

jueves, 16 de diciembre de 2010

El artista como pensador y poeta o ¿ cómo es?, y ¿cómo debiera ser un artísta en estos desafortunados tiempos de penuria?.



El trabajo del artista,  es uno de los más complejos e ininteligibles ya que no puede dimensionarse debido a la metacomplejidad de sus caracteres primigenios: las emotividades, las introafecciones, los sentimientos en definitiva.  Lo que sí constatamos en general desde un común denominador, es su voluntad en cuanto a dirigirse a lo caótico para intentar poner orden. En sus experiencias más pueriles, de juventud y adolescencia, la historia del arte bien lo ilustra, parece encaminarse en ese proceder, actuando más como pensador, como filósofo, como ideólogo. Pero con su madurez, comienza a experimentar una metamórfica transformación, fruto sin duda de la escasez de resultados, para ejercer un rol mucho más satisfactorio, mucho más de la vivencia, más metafísico, ontológico diríamos que deja de ser filósofo para ser poeta. Pero ese ejercicio de viaje exterior, no llevará a nada en absoluto si no se ha vivenciado desde una génesis sine qua  non, cómo lo es el viaje interior (se trata de explorar el mundo exterior desde un sólido mundo interior, al revés no funciona, el resultado es yermo, intrascendente, banal, carente de significado). Es así que este caos, para Heidegger  misterio mueve al artista desde un acto de profunda inteligencia a devenir desvelador de lo oculto. En ocasiones, ni tan siquiera llega a desvelar el misterio, puesto que se establece en él  como estadio final de su trayecto (afortunado el que a ello llega, puesto que se ubica en aquella ascética y tan promulgada idea espiritual de que en verdad por encima de no haber nada, existe La Nada). Ante tanta penuria en definitiva, también Heidegger, preconiza e insiste en la idea de devenir poeta en cuanto a la altruista vocación resolutiva del vencimiento del sufrimiento humano y la victoria (utópica) de la felicidad. En ocasiones, la cuestión es más alquímica, y aquí es donde podríamos enfrentarnos a férreas visiones inmovilistas kantianas, demostrando el valor de lo intuitivo como el transformador de lo invisible en lo visible, una interesante idea defendida en todo su recorrido artístico por Paul Klee.

 El gran enemigo de estas nobles actitudes, dimensiones espirituales, mágicas, de transformación, de amor de altruismo del hombre hacia el hombre, consisten a parte de una mala génesis, como hemos explicado ( un partir proyectivo desde una nulidad introafectiva, algo observable en algunos erróneamente considerados e incluso autoproclamados artistas), en una incorrecta motivación efecto de una ausencia de humildad y exceso de intencionalidad de reconocimiento, fama, endiosamiento y formación de caracteres prepotentes, algo en lo que ha contribuido y mucho el arte como mercado y la gran ignorancia de  algunos de sus artífices: curratores y galeristas que no dejan de ser premeditadamente agentes de un deshumanizador y agresivo en exceso neoliberalismo. El mismo que pone en marcha el mecanismo del “pan y circo”, el mismo que dirige la  gran masa, a los votantes, a los contribuyentes, a una vacuidad de carácter crítico, a un aislamiento en el reality televisivo, el espectáculo deportivo y tantos otros despropósitos alienantes.

Al artista actual, le sobra prepotencia y le falta la clásica humildad de los grandes trabajadores del arte, de los silencios e hiperestesias que se respiraban antaño, de aquellos que eran capaces de asesinar su pintura cuando consideraban que esta  entraba en rutinas de  servilismo burgués, cómo en el caso de Joan Miró o  por ejemplo y entre otros del gran Manolo Millares con aquella idea tan impactante del resurgimiento cíclico o la resurrección necesaria del hombre hacia un hombre mejor.

Ya quedan pocos artistas de la verdad y el amor, aquellos que se hacían acompañar siempre, cómo señala María Zambrano, de la humildad  y jamás de la rebeldía: la humildad es compañera de todo descubridor y  la rebeldía es la miseria del aislamiento. Este era y es y esperamos que sea, lejos del servilismo al mercado y del excesivo, gratuito, fácil y desagradable conceptualismo (el arte como concepto es interesantísimo, pero ha caído en exceso en esa gratuidad que lo equipara desde su todo vale a los infiernos más dantescos), un artista de un Yo, bien fundamentado, un artista que desea un mundo menos hostil y transitable. Un artista deseoso de ayudar al ser a salir de la oscuridad, revisionista, luchador, sensible trabajador de la razón poética, reflexiva entidad de la historia común del hombre. Este artista,  ve más allá de los límites del endiosamiento, no se aliena en la absurda rebeldía y oposita y resiste con su dimensión endopática y gran capacidad de trabajo. Este, además, dificilmente se deja instrumentar por razones hegelianas y sobretodo no le afecta la estructura temporal de las cosas.

! Relativicemos el tiempo¡.

María Zambrano.

Este artista, es el artista del  tan necesario pensamiento especulativo en un mundo tan lleno de culpas...

...Yo he visto (…) al mundo, muchas veces le quito mentalmente cosas y no sucede nada, pero un día se me ocurrió sacarle las culpas, entonces no me quedó mucho, apenas si una red vacía, algo formado por los agujeros que antes ocuparan las culpas.

Somers.

Afortunadamente, este, se encuentra bien arropado por la excelencia de las ideas, asistido por la sabiduría de quienes, como entre muchos otros, Ortega o nuevamente María Zambrano,  se convirtieron en desveladores de los misterios ocultos de la pintura, así, se ha contado con quienes magistralmente, han reforzado con sus palabras lo que el artista iba contando con sus iconos, claro, si en definitiva, desde la dimensión emocional, el arte tiene una componente poético- filosófica, he aquí que el pensador y el filósofo pueden decir mucho al respecto. Y ello me recuerda también a grandes docentes del potencial humano como el  que ha sido uno de mis profesores, el Dr. José Luis Arce Carrascoso, del Departamento de Filosofía Teorética y Práctica de la Universidad de Barcelona, un claro ejemplo de la conexión insalvable y provechosa, ad-hoc, entre creatividad y pensamiento, algo que le confiere la categoría de excelente crítico de arte, puesto que quien habla como es su caso, del arte desde la lógica de la razón humana y el potencial introafectivo, intuitivo,  emocional del creador de la obra de arte, no está haciendo más que referirse en la justa medida  y con las herramientas adecuadas a esta tan habitualmente convertida en mercado persa , categoría.

¿Cómo puede atreverse un crítico, no poeta ni pensador, en referirse coherentemente hacia una obra de arte que es en definitivamente poesía y filosofía?...Desconfíen pues de la crítica de arte periodística,  compilativa, historiográfica,...pues tan sólo son matices de un todo al cual sólo puede llegar el propio creador, el pensador y el poeta.

Pintura pues,  como logos sin duda, en cuanto a expresar pensando, o en términos nietzscheanos,  desde un hombre, el artista, entendido como animal fantástico, matriz creadora de mitos, de obras de arte en derfinitiva.

Aquí, se puede desarrollar un auténtico tratado relacional entre filosofía, poética y arte desde la más remota antigüedad, como cuando Simónides de Ceos, según Plutarco, Define la pintura, como poesía silenciosa o la poesía cómo pintura que habla. O como cuando Horacio se refiere a esta relación desde su tan repetida máxima ut pictura poésis, dejando clara la idea de que la pintura es a la poesía, lo que la poesía es a la pintura. Sin entrar en extensión, pero sí referirnos a las fructíferas y resolutivas epístolas, mucho más actuales, al respecto entre Apollinaire y Marc Chagal en las cuales se establece una ósmosis de intercambio creativo entre sus ambas no tan distantes respectivas disciplinas.

El pintor, cómo defiende María Zambrano, prescinde de utilizar signos arbitrarios e instituidos, cómo así lo hace el poeta. En ese sentido, el ars poética y el ars pictórica, son una misma cosa, igual que sin la menor duda en su relación con la otra punta del triángulo, sin olvidarnos, claro, de esta inseparable triada, es decir, considerando la filosofía.  Y si la sucesión espacial, como señala Lessing, es el ámbito del pintor, acaso ¿ no es un problema también espacial el de la creatividad poética? y ¿no forma parte de la metafísica, en pensamiento, la cuestión del espacio?

“ Time & space are Real Beings,
time is a man
space is a woman”.

El tiempo y el espacio son seres reales. El tiempo es un hombre, el espacio una mujer.

William Blake.

La endogénesis de la obra, es por tanto una voluntad poética y filosófica de resistencia en función de la singularidad del sujeto y su metacomplejidad emotiva y experiencial, la cual parte en gran medida del trance agónico, del desencantamiento por un mundo caótico, como señalábamos al principio, y cada vez más fragmentado por un hombre individualista y vacío.  



Rafa Romero.

martes, 30 de noviembre de 2010

ARTE Y NOMADISMO

El artista nómada o la vocación redentorista del creador desde su mismidad hacia la pluralidad. Nomadismo, alteridad y transposición.



                          Laúdes, cálices y perfumes, guedejas y ojos de almendra: juguetes que el tiempo arruina. Juguetes, austeridad, labor y meditación, soledad, plegaria y renunciamiento. Cenizas que el tiempo esparce,...cenizas.

Omar Khayyam. Las Rubaiyyat.


Tonos pesimistas no exentos de esperanza puesto que aún caben muchas tierras fértiles para el ser en su particular deambular por la existencia. La reivindicación, defensa y estudio del artista, pone de manifiesto su particular fenomenología en pro de una más que necesaria humanización nounémica. Este, se convierte en un luchador superador de obstáculos, un funambulista cuyo alambre es proceso de enfrentamiento con los demás, cuestionamiento del mundo, revulsión ante lo convencional, tránsito hacia la consolidación del ansiado hogar. ¿Cuántas veces fue tal alambre circense un simple proceso de huida contextual en dirección a otras culturas y sociedades mucho más reconfortantes que las propias. Viajes de enajenación de las múltiples y catalogables ignorancias, muy al contrario de cualquier ciudadano de a pié insistente en no someterse a los dictados de la conciencia, el alma, espíritu o como bien se le quiera llamar. Mas bien mecidos en la convención por la mano ajena y anónima del paradigma. Épocas sistematizadas y compartimentadas en la fenomenología neoliberal globalizadora y deshumanizadora, épocas de ética light. Épocas en las que aquellos que se atrevan, por el contrario, a hacer una defensa de la emotividad como vía resolutiva, resultarán sentenciados como locos por la sociedad que los contiene, aunque en ocasiones, su atrevimiento sea bañado por las mieles del éxito y sean elevados a la categoría de héroes.

Naturaleza emotiva y heroica del artista que exento de cuadratura, rebelde en cuanto a que lucha por no ser ensartado en la vara del despropósito, este, manifiesta no obstante, una dicotomía existencial: la de sentirse sólo, alejándose y alienándose de la sociedad y a la vez viviendo la obligatoriedad de la relación con la misma, sin la cual no puede vivir.

Naturaleza autónoma de un artista que abriría infinidad de posibilidades estéticas en el siglo precedente desde idealismos remodeladores en los márgenes del pensamiento y en la reflexión humana. Gurú de la doctrina de las cualidades del sentir, el artista manifiesta una incipiente axiología que le empuja bajo una idea dinámica y evolutiva a buscar valores nuevos intelectuales en su concepción del arte, valores que se alejaron y alejan de una razón servilista del proceso económico, lejos del proyecto esencial humano y en muchos casos convertida en pluralidad fruitivo-inaugural.
El artista en la modernidad, comenzó a ser reivindicativo junto al pensador de lo humano, meramente olvidado. Lejos de la burocratizada cotidianeidad, comenzó a rebelarse como parte del mercado y como fuerza laboral en un mundo entendido como conjunto de esferas de producción. Así devino paulatinamente un nómada en un complejísimo mundo contemporáneo, osado practicante de paciencia, que apostó por seguir buscando con su praxis creativa respuestas en el inconmensurable mundo de lo ignoto, atenuado por un contexto tan difícil de entender como practicar. Y ¿cuál fue y cual es su praxis?: combinar prolijamente más que nunca sus símbolos frutos de la emotividad, como improntas de su interioridad relacionales con el mundo externo.

                                 Les propongo, entonces, con la gravedad de las palabras finales de la vida, que nos abracemos en un compromiso...Sólo quienes sean capaces de sostener la utopía, serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido.

Ernesto Sábato.

Nomadismo utópico, ruptura con toda limitación, proyección y realización del yo. El artista nómada, busca una reterritorialización, un oasis exento de paradigmas, epistemes y concepciones. Pensamiento horizontal o nómada deleuziano, pensamiento que no se refugia en ninguna esencia, principio, fundamento o criterio de objetividad; lo que intenta es mostrar aquello que escapa al modelo ideal de la razón moderna. Individualista, ahistoricista, diferencial, ajerarquico y relativo, provocador y trasgresor en definitiva y enfrentado a los segmentos duros y rígidos de la sociedad tradicional e inmovilista.

                                Sustituid la anamnesia por el olvido, la interpretación por la experimentación. Encontrad vuestro cuerpo sin órganos, sed capaces de hacerlo, es una cuestión de vida o muerte, de juventud o de vejez, de tristeza o alegría. Todo se juega a ese nivel.

Deleuze-Guattari.

Alteridad del ser para refugiarse en irreales circunstancias creadas o buscadas. El refugio en el otro, envalentonamiento y lanzamiento en búsqueda de una ley moral propia. El artista se coloca en el exterior de su civilización y momento histórico para juzgarlos, valorarlos desde lo ajeno y lo distante. Idealizaciones de modelos de patrias paralelas y fantásticas, lugares más que para habitarlos, para asentar en ellos el alma.

                                Nunca se va tan lejos como cuando no se sabe dónde se va.

Oliver Cronwell.

El artista, capaz de leer los signos del universo desde principalmente una condición indiscutible, la de ser nómada, buscador, caminante, intelectualizador del mundo desde su intervención creativa, su crítica y su comunicación; se encamina a fabricar sueños y esperanzas, ya que puede ser realmente ejemplo esperanzador desde su idiosincrasia y mecanismos diversos hacia su malograda y desmotivada sociedad.

                                Es muy bueno mirar tu propia cultura a la luz de otras culturas. Tu propia lengua a la luz de otras lenguas. Siempre tu distancia te procura algo...la mirada periférica al medio es siempre más interesante que la del centro a la periferia.

Juan Goytisolo.

Así, entre muchas ejemplificaciones, desarrollan sus devaneos nómadas tantos y tantos protagonistas de esta tragicomedia. Así podemos recordar desde la emoción icónica, entre otros, a François Marius Granet, enajenado en lo procesual espacio-temporal, en el Coliseo Romano de 11838, trabajando con sus adminículos dibujísticos el paisaje rocoso y ruinoso evocador de las glorias pasadas. Héroes románticos obsesionados nómadamente en recorrer amplios espacios para liberar a su espíritu del asfixiante aire de la limitación, cómo Giacomo Trécourt en 1842 autorretratado vestido de oriental, o Vincent Van Gogh refugiado en la luminosa Provence de 1888, mientras Gauguin viaja por Tahití y las Islas Marquesas en una experiencia onírico-poética.

Ejemplos ricos y abundantes de la trasgresión nómada artística, como la vivida dialécticamente tras el encuentro de Derain y Vlaminck al descubrir la grandeza del arte africano en el Café de Argenteuil; la misma sensación vivida paralelamente por Picasso en el Museo Etnográfico del Trocadero que daría paso en gran medida al pasional y vanguardista cubismo. Emotividad incontenida ante lo ajeno como la experimentada también por Joan Miró en sus dos viajes iniciáticos al Japón. Viajes como los que relata magistralmente Hopper en su proceso aséptico y de síntesis de búsqueda del hombre desde sus soledades de tránsito nocturno por salas de espera de estaciones de autobús y moteles de carretera. La pasión por la filosofía del otro, en la magnífica búsqueda de valores ajenos pero a la vez próximos, como los encontrados por Tobey, Hartung y Rothko en el budismo Zen. La recurrencia a lo primitivo-chamánico en Beuys hasta llegar, sin olvidar a tantos, a los procesos reivindicativos marginales de fin de siglo en los que priva la importancia del otro a través de recursos tan controvertidos como el apropiacionismo y los procesos de fertilización mutua observables en Dossou Amidou, Zoé Leonard o Jana Sterback, por nombrar algunos.

Sueños constantes de viajero, referencias de cofrades activistas y ejemplificadores en mi obra, articulada también como un nomadismo diaspórico, de trasposición y alteridad. Paisajes como líneas vitales de flotación que recuerdan cómo es el continente del tedioso y a la vez esperanzado. El mundo en definitiva desde la ontológica vivencia del desplazamiento, la observación, la nota poética y antropológica. Escritos y libros de viaje que puedan humildemente ampliar este momento lacónicamente y particularmente robado por la brutal belleza de tierras lejanas, en esta ocasión el Asia que roza el cielo, el techo del mundo, las planicies y escarpados riscos himalayos, los que dotan al hombre de las gélidas aguas de la sabiduría primordial, que descienden como deidades fluviales a los fértiles valles de la India. Reflexiones icónicas nómadas con el anciano oficio del pintor, observador, meditador y escriba, como las líneas que abro desde el silencio reflexivo de mi ser y que merece la pena compartir con la humilde vocación del servicio, kilómetros de letras secretas que luego fraguan anímicamente en forma de dibujos y pinturas, muchos de ellos iniciáticos y ocultadores de enigmas.


Texto de Rafael Romero.
Artista Visual y Plástico.
Doctor en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona.