DIRECTORIO

"Territories of Peace". Barnadas Huang Art Gallery. Singapore. Acuarelas naturales AGAIN SAILING ALGUNAS PALMERAS MARROQUÍES Algunos dibujos de niño. ALGUNOS RECUERDOS LITORALES. ANIMALOTS AUTORETRATOS AVIARIUM. Barcos 1990 BARNADAS HUANG BIENAL DE ARTE DE BRAGA 2016 Cahier de voyage:París. CAL TORNAR A LA LLUNA Càntirs Castell de Sant ferran de Figueres. CATS COLECCIÓN PERMANENTE DEARTE MEDINACELI. CONTACTA CREIXELL FIRA D'ART 2016 CUADERNO DE VIAJE CURRICULUM DIBUJOS ESTIVALES EL MITO DE LEANDRO Y HERA EN PREPARACIÓN ERMITA DE FISCAL (HUESCA) ESTUDIOS SOBRE EL ARABESQUE Nº1.L.66 DE CLAUDE DEBUSSY. EXPOSICIÓN :SEFARAD PAISAJES DE NOSTALGIA.MUSEO CORTIJO MIRAFLORES. MARBELLA. FELICITACIÓN 2012 FESTIVAL POESÍA ENTRE ALMENAS Galería D'Art María Cinta Dalmau. GALERÍA MARIA NIEVES MARTÍN Galerias GALERIE L'ARBRE BLEU HOMENAJE A LOS PALMARES MURCIANOS Y ALICANTINOS HOMENAJE CERVANTINO HUMET SAULA CALELLA 2016 IMAGINARIUM IMAGINARIUM. Iglésia de Jesús. Fiscal (Huesca). IMAGINARIUMMayo de 2015 INTERVIUS LA CERVERINA D'ART. IMAGINARIUM. LA MIRADA DE PICASSO LES CARBONERES: BARCELONA LIBRO: NOCTURNO. LIBRO: PAISAJES AZULES. LIBRO: PEQUEÑO TRATADO DE PAISAJES LITORALES LIBRO: SUEÑOS Libro: YO DE MAYOR QUIERO SER. Lugares que me inspiran MAGIC BOX Mandalas MARINAS MAS FORASTER. MONTBLANC MASMONZÓN MENORAH MUSEO DE BELLAS ARTES DE CARTAGO. MUSEU D'HISTÒRIA DE LA INMIGRACIÓ DE CATALUNYA Música que me inspira news NOSTÀLGIES. OBRA ACTUAL/ PARADÍS OBRA CASAS OBRA DONACIÓN OBRA SOLIDARIA OBRA/ SOUTERN AND EASTERN LANDSCAPES OBRA/ADMINICULOS PARA UN VIAJE INTERIOR. OBRA/DIBUJOS ORIENTALES OBRA/Est ubi inficere animan. OBRA/EXPERIMENTACIONES DIGITALES OBRA/HIMALAYA OBRA/INDIA OBRA/ISTANBUL OBRA/NATURES MORTES OBRA/ORIENT OBRA/PAISAJES MEDITERRÁNEOS OBRA/PALMS OBRA/PINTURAS DE ENERO OBRA/PINTURAS PARA EL FIN DE UN SIGLO OBRA/SÝMBOLON OBRA/TERRITORIOS DE PAZ OBRA/UMBRAL POÉTICO Y NOSTALGIA DE LA TIERRA. OCELLS Opinión OS DE BALAGUER OTROS BAILAN. PAISAJES CON DOS PRESENCIAS. PAISAJES DE AUSENCIA PAISAJES DE SEFARAD PAISAJES DEL ALMA PAISAJES PATRIAS PECES Personas que me inspiran POESIS PRESS PROCEDIMIENTOS PICTÓRICOS PROCESOS QUE BELLA ESTA LA MAR ESTA NOCHE RECORDS I ALTRES RACONS DE L'ÀNIMA RECUERDOS Y OTROS RINCONES DEL ALMA. REFLEXIONES SOBRE ARTE SE BAIGNER SERIE PARADIS SHIPS Sobre mi pintura SOMNIS TANGRAM TANGRAM. SANT JORDI 2016. TRATADO DE LUNAS Trocitos de Mar UNOS BEBEN V EXPOSICIÓN COLECTIVA DE ARTISTAS NACIONALES. VIDEOS EN YOUTUBE VOLVER X ART AL VENT YO SIEMPRE QUISE SER UN GRAN PEZ.

martes, 23 de noviembre de 2010

La empatia romántica hacia otras tierras.

La libertad se gana al precio del abandono del hogar. (Buda).

El Romanticismo como gran aventura que es del descubrimiento de resortes y dimensiones internas del hombre dota a los artistas de un papel preponderante, ya que estos son expertos en ese acceso a interioridades, que muchas veces sólo encuentra expresión acertada en el lenguaje fantástico, mítico, no siempre racionalmente descodificable, del arte.

Hemos hecho mención a diferentes mecanismos de nomadéo y búsqueda y sus orígenes endopáticos. En la empatía hacia otras épocas, se producía una huida a un territorio metafísico fértil para la actividad artística. Existe también la posibilidad de una nueva traslación real a territorios físicos dónde el romántico pueda desarrollar sus sagradas voluntades. En esta ocasión se trata de dirigirse a otros contextos culturales dónde sus hombres y tradiciones puedan aportarle esperanza. Se trata del viaje como mecanismo procesual de esta traslación terapéutica. Pero claro está, el viaje en la ilustración ya era una constante en aquel énfasis de aproximación fría a la antigüedad, ahora, en contrapartida, el viaje se torna cálido, pasional, profundamente emocional y vivencial. Subjetivo incluso, pues en ocasiones se transforman y manipulan la objetividad en función del Yo, para hacer en la obra una presentación imaginativa de los hechos, lo que genera una riquísima variedad de fabulaciones que llenen el vacío de la memoria racional occidental y compensen la hastiada personalidad del que huye.

El héroe romántico es, en el sueño o en la realidad, un obsesionado nómada. Necesita recorrer amplios espacios, lo más amplios a ser posible, para liberar a su espíritu del asfixiante aire de la limitación. Necesita templar en el riego el hierro de su voluntad. Necesita calmar en geografías inhóspitas la herida que le produce el talante cobarde y acomodaticio de un tiempo y una sociedad marcados por la antiépica burguesa. El romántico viaja hacia fuera para viajar hacia dentro y, al final de la larga travesía, encontrarse a sí mismo.

A veces desde límites extremos, siendo el viaje una auténtica terapia para la cansada y nerviosa mente como señala el profesor Cardín cuando hablaba de ciertos motivos del viaje como motivos Histéricos , al referirse a aquellos fruto de un malestar o inquietud inasibles, que llevaron a tantos viajeros a recorrer los lugares más insólitos del mundo huyendo de sus propios fracasos o la búsqueda de una identidad.

El mundo del viaje romántico quedará bien plasmado en cuanto a sus objetivos y estrategias en el género del libro de viajes. Libro de viajes ya existente previamente al romanticismo. En el contexto ilustrado, pretendían ser estos una transposición directa, sólo estilísticamente reelaborada, de una aventura real, que tuvo que ocurrir en el orden y con los avatares mismos que el relato desgrana. En el contexto romántico, deviene un mero recordatorio, que recaptura subjetivamente la profundidad de los instantes vividos, mediante la recreación viva de la anécdota, que resurge en una especie de anamnesia plástica. Algo que ya era habitual en antiguos relatos de peregrinos y libros de exploraciones de otras épocas los cuales rodeaban de un halo fantasioso la descripción de lugares visitados por aquellos privilegiados que resaltaban, las dificultades para acceder a esos territorios para, una vez superadas las vicisitudes exaltar las maravillas vistas a través de la descripción por la escritura y visualmente la estampa, el grabado confeccionado ex auditu y por tanto recreador de la fantasía e imaginación del artista .

El viaje es movimiento humano, como la primera migración del hombre es en sí misma viaje. Es a través de sus pies como el hombre empieza a moverse, pero sus pies son regidos por su mente y corazón. Este movimiento dinámico de resistencia anímica y solitaria, llamado viaje, parte del pesimismo y la nostalgia para dirigirse en una dirección y objetivos determinados en búsqueda de la utopía a través de grandes esfuerzos. El viajero romántico se encamina a la adaptación hacia lo ajeno y hacia el otro , con un profundo interés en la búsqueda de actitudes nobles naturales y primigenias en el hombre .

Desde las ensoñaciones de Rousseau a las suelas de Rimbaud, pasando por Stevenson, Thoreau, La Carrière, Bouvier, Lanzmann y otros tantos; estos con sus obras nos incitan a ponernos en camino hacia nuestro particular e idílico viaje en busca del otro, como lo han hecho ellos convencidos en una necesaria apertura interpretativa del mundo, así como en una también necesaria apertura a un espacio de variaciones en el mundo. El viaje y su praxis como un Pensamiento Nómada como Endopatía evidente.

Charles Baudelaire, es un buen ejemplo de viajero romántico, desde muy joven sintió a menudo la incomodidad del entorno. Realmente no tuvo un verdadero hogar en el sentido de que desde los 5 años, edad en la que fallece su padre, este estudiará durante su ciclo de estudios de internado en internado. Este peso psicológico seguramente marcó profundamente su personalidad, caracterizada por un radical desarraigo y un evidente enfrentamiento hacia la sociedad burguesa, en la cual no hallaría jamás su sitio. Lánguido y espectral, ataviado con exageradas capas negras, deja en su diario algunas notas que definen bien sus introafecciones al respecto:

Siento la gran enfermedad del horror por el domicilio .

En consecuencia, soñaba y ansiaba huir de Francia, a algún lugar en el que todo debía ser:

Ordre et beauté, luxe, calme et volupté.

Así comenzaron sus peregrinaciones fantástica a través del viaje.

¡Llévame, vagón! ,¡ráptame, fragata!,¡ Lejos! ¡Lejos!. Aquí el lodo está formado con nuestros llantos. (Charles Baudelaire), de su Moesta et errabunda.

En 1859, tras el escándalo que supuso su obra Las flores del mal y su ruptura con Jeanne Duval. Baudelaire visitó a su madre en Honfleur pasando largos ratos en los muelles viendo atracar y salir los barcos:

Esos grandes, hermosos navíos que se mecen imperceptiblemente sobre las aguas tranquilas, esos sólidos navíos, de aire ocioso y nostálgico, ¿no están diciéndonos en una lengua muda: cuándo zarpamos rumbo a la dicha?

Las naves, serán para Baudelaire vehículos que le invitan a pensar en sus ambiciones nómadas.

Su Itinéraire de París a Jérusalem será una crónica feliz y optimista del viaje, llena de fantasía e incluso falsedades, ya que muchos de los acontecimientos narrados no responden a la realidad . Al igual que las crónicas de sus nomadéos y erráncias a través del mundo entero; los grandes bosques americanos, los desiertos de Judea, las grandes capitales europeas, las ruinas de Cartago. Experiencias que hicieron que siempre practicara la ensoñación en los cientos de pintorescos recuerdos y grandiosas impresiones sobre culturas exóticas y tierras lejanas.

Otro destacable viajero es Lord Byron, el cual huyendo de sus raíces británicas, viaja por tierras diversas, entre ellas España, la cual le impresiona profundamente visita España . En uno de sus versos, la saluda de esta forma:

Hermosa España, glorioso y romántico reino .

En sus andaduras por el sur de España, Lord Byron recoge en su obra la belleza y a la vez el misterio de las sierras andaluzas, con sus leyendas, bellas mujeres, bandolerismo, reminiscencias árabes, presencia gitana,...Todo queda grabado en su mente:

...Como uno de los ejemplares de belleza eterna que el universo nos ofrece .

En su destino definitivo, Grecia, Lord Byron escribe su Oda sobre las islas griegas en la cual para evocar el valor de la libertad en nombre de Safo; se representa a sí mismo como un nuevo Prometeo encadenado a la roca y acosado por los buitres. Los ideales griegos según su defensa seguían vivos y merecían incluso el morir por ellos. Y así lo cumplió muriendo por ellos a los treinta y seis años en Missolungi, en la Guerra de la Independencia Griega. Precisamente un episodio idealizado por Eugène Delacroix en 1826 con su obra Grecia sobre las ruinas de Missolungi, (Ilustración nº 51) que mostrará una personificación alegórica femenina de Grecia al día siguiente de la rendición de esta heroica ciudad ante los turcos en la que lucharon la mayoría de los voluntarios extranjeros como Byron (aunque este, es bien sabido, no llegó a entrar en combate, pues murió de unas fiebres). Tras un asedio dramático, el personaje en cuestión, ataviado con el traje nacional heleno, se apoya desesperada en una losa de la demolida ciudad de la cual, entre sangre sobresale la mano de una víctima. Mientras, en un oscurecido fondo, se alza victoriosa la figura de un combatiente turco que sostiene con su mano izquierda un estandarte otomano. En el mismo sentido, Delacroix pintará previamente La matanza de Chíos (1821-1824): escena de la independencia griega, en la que presenta a un grupo de personajes en primer plano, marcando el contraste entre muertos, heridos y vivos, al fondo la batalla continúa dentro de un paisaje profundo y lejano.

Avancemos algo más en nuestra presentación del viaje como voluntad endopática del romántico haciendo referencia a algunos devotos peregrinos de la traslación como Heinrich Heine, un referente indiscutible de la poesía romántica, el cual huye de su Alemania natal sumido en una profunda decepción , por ello se dirige en busca de fórmulas de consuelo viajando por diferentes países como Inglaterra, Francia e Italia y escribiendo sus impresiones en una colección de volúmenes titulados Reisebilder los llamados Cuadros de viaje, los cuales se convertirían en una indiscutible obra referencial del género de los libros de viaje románticos.

Nuestro contexto, España, resulta un buen ejemplo del destino de numerosos viajeros románticos, los cuales se acercan a este plural territorio para sentirlo y practicarlo, pues la tendencia era considerarlo como un país típicamente romántico, bien porque en ella persistía el heroico espíritu caballeresco además de un profundo aferramiento a las tradiciones y un gran sentimiento patriótico. Algo que ya hemos referenciado en Byron, pero que concierne a muchos otros.

En España se encontraban míticas actitudes de aventura ante la vida, como en las bien conocidas obras entre la intelectualidad extranjera de carácter popular, como los romances, o las heroicidades medievales del Cid o en el contexto del revolucionario Siglo de Oro el Quijote y el Don Juan , a lo que debiera unirse la convincente espiritualidad en Lope de Vega y Calderón.

Estas fuentes de inspiración empujaron a muchos nómadas extranjeros prestos a experimentar bebiendo directamente de estas frescas fuentes. También había referentes de atracción menos idílicos como el Tribunal de la Santa Inquisición como un modelo de fanatismo condenable y heroicidades combativas y generalmente malogradas contra la invasión napoleónica, la riqueza de la historia española en ruinas por la guerra y la poca sensibilidad hacia el patrimonio y los vestigios del pasado. Pero sobretodo el primitivismo de un pueblo único, supersticioso y fantasioso, religioso y herético a la vez, un pueblo atrasado en relación a los pueblos de los países avanzados inmersos en otros sistemas que en la España popular son puramente ficción .

España se convierte rápidamente en un campo permanente de experimentación, un novedoso museo abierto al pasado medieval y árabe y a las leyendas, fantasías y mitologías autóctonas . Así se dirigen a ella numerosos viajeros llamados por su misteriosa entidad, mezcla de culturas y misterios, como Flaubert, Victor Hugo, George Sand, Chateaubriand, Viardot, Dumas, Merimée, William Jacob, Richard Ford, George Borrow, Alejandro Dúmas, William George Clark, Pierre Louys, Theofile Gautier, Evelyn Waugh, y Paul Theroux entre muchos otros.

Curiosamente, podríamos nombrar a uno de los padres de la literatura infantil universal como es Hans Christian Andersen, el cual confiesa su llegada a España con el romántico fin de sentir la pasión española. O el caso del gran literato ruso Maslov, el cual escribirá en España sus experienciales obras tituladas En el país de la mantilla y las castañuelas y El seductor de Sevilla.

Aunque no todas las reflexiones son idílicas en base a esta abundante fantasía hispánica. Afortunadamente también hay actitudes críticas como la de D’Amicis el cual critica una España cruel en sus fiestas y atrasada en el mundo rural. En el mismo sentido, Giacomo Casanova relata una España marginada como un país inferior. O algunos románticos Latinoamericanos que manifestarán contra España un resentimiento visceral hacia la misma, fruto de su autoafirmación nacional como en el caso del argentino Domingo Faustino Sarmiento (1864), el colombiano José María Samper (1860), el peruano Pedro Paz Roldán (1860), enfrentados contrariamente a románticos latinoamericanos que manifiestan un gran respeto a la madre patria desde un sentimiento filial como por ejemplo entre otros el caso del chileno Rafael Sanhueza Lizardi.

Pero por excelencia, la zona predilecta del viajero en España será la Andalucía romántica, la del bandolerismo y el quebrado cante jondo, con su profunda carga mitológica, entorno a mitad bandidos, mitad héroes. Aquellos que se ocultan en recónditas serranías y encienden sus candelas nocturnas en misteriosas ruinas árabes y medievales, las mismas que contrastan con los idílicos y no menos románticos patios floreados de antiguas y enrejadas casas señoriales, como los Cármenes de Granada o los patios de las casas sevillanas del barrio de la Santa Cruz. Evidentemente el errante buscador romántico que huye de la racionalidad y la modernidad, practicará con devoción la profunda Andalucía en busca de contrastes y exotismos. También de la sensualidad de la mujer andaluza, idealizada por Merimèe en su mítico Carmen.

El mundo, en el siglo XVIII y aún más en el siglo XIX se hallaba ya prácticamente descubierto por el talante expansionista y posesivo occidental, algo relatibizable en cuanto a que quizás el término descubrir resulta prepotente y claríficante a la vez de actitudes grandilocuentes y deshumanizadoras. En todo caso, el conocimiento del mundo y sus realidades se hallaba muchísimo más definido que en los siglos precedentes desde el comercio mundial y lamentablemente desde los procesos expansionistas coloniales .

Como consecuencia de ello, el viaje romántico tenía pues un amplio catálogo de destinos a nivel mundial al alcance de cualquier voluntad nómada y desde diferentes posibilidades como entre otras, el redescubrir naciones con pasados aún sumidos en la fabulación y la fantasía como España, Grecia o Italia, adentrarse en la profunda y peligrosa tierra africana, lanzarse en búsqueda de los placeres exóticos de las tierras orientales o el apasionarse por la virginidad de la naturaleza en las jóvenes tierras de Norteamérica.

En este sentido, el contexto de las tierras del norte de América es novedoso por la frescura misterio y desconocimiento de aquellos lares que pronto serian destino migratorio de Europa para mal de sus indígenas habitantes. Precisamente sus habitantes son objeto de conocimiento siguiendo las pautas rousseaunianas y por lo tanto a ellos se dirigen para observar formas de vida donde la armonía con la naturaleza y su espiritualidad pueden ser un aliciente para las hastiadas personalidades intelectuales románticas occidentales.

En ese sentido, algunos artistas dejarán referencias, como Joseph Wright of Derby, el cual pinta Viuda de jefe indio (1785) (Ilustración nº 52), documentado gracias a la obra Historia de los indios americanos (1775) de William Hauley. Tela en la que se describe un ritual de luto al que se somete una viuda de un jefe indio, a resistir un mes a la intemperie sin ninguna protección, sentada al pie de un árbol de cuyas ramas colgaban las armas y ornamentos del difunto. Un buen documento antropológico. En el mismo sentido, pero con una mayor carga nostálgica, Eugène Delacroix pinta la obra titulada Los natchez (Ilustración nº 53) de (1835) en la que el artista intenta denunciar desde su compromiso humanista político y social la tragedia de un genocidio, el del pueblo indígena acosado y desposeído de su dignidad por el pueblo blanco.

Pero el fenómeno de dirigir el cuerpo y el alma a territorios lejanos tuvo por excelencia como privilegiado destino las tierras de oriente, fue quizás esta la más célebre de las erráncias nómadas del viajero romántico. Pero, ¿Por qué, estos lares por encima de otros? Una multitud de causas se articulan para dar respuesta al fenómeno llamado Orientalismo.

La empatia romántica hacia otras épocas

El romanticismo se manifiesta con respecto a su interés hacia otras épocas como un examen de la experiencia posrenacentista, la experiencia racionalista la cual denominándose Neoclasicismo, había asimilado la estética de la cultura antigua. En ese sentido, el romántico, culturalmente pertenecía a este contexto y había bebido de estas fuentes, aunque filtrando sus aguas con un tamiz idealista cuyo eje procedimental no era ya la razón, sino la intuición. Por tanto participa en la recuperación de la estética griega y latina de una manera totalmente subjetiva.

La grecomanía del romántico, no es tanto una peregrinación ilustrada al mundo clásico como en el Grand Tour y mucho menos aún una imitación fría de ese mundo como hace el Neoclasicismo. El romántico viaja a Grecia admirándola profundamente desde lo emotivo y desde lo que Grecia simboliza como fuente de riqueza en el logos pero también en el mito , aún más en su proceso de independencia, auténtica lucha por la libertad , para estimular su propia imaginación creadora observando mundos pasados de grandeza y leyenda. Leyenda porque uno de los valores más importantes de estas culturas son sus mitologías. Precisamente, la reflexión sobre los mitos y la mitología se utiliza para descubrir el nacimiento de las religiones, puesto que el mito constituye una primera forma de explicación de las cosas y el universo, en el orden del sentimiento y no en el de la razón. Esta reflexión sobre los mitos como método de conocimiento profundo del hombre y las religiones fue propuesta y practicada por numerosos intuicioncitas en ámbitos literarios como Schelling, Bachofen, Cassirer, K.Jaspers, Ricoeur... y en el ámbito de las Bellas Artes y concretamente en pintura donde la temática va incluso más allá de lo grecolatino para extenderse en general hacia la antigüedad desde el emocionalismo y la sensibilidad románticas.

Tal es el caso del Safo en Leucades (Ilustración nº 39) de Antoine-Jean Gros datado del 1801. En esta obra prerromántica, Gros se recrea mostrándonos trágicamente el momento del suicidio en los rocosos y oscuros acantilados de Leucades de Safo, la mítica poetisa griega que muere por Phaón. En un ejemplo de idealísmo, Safo, se lanzará al vacío abrazando con fuerza su lira, símbolo de su ímpetu y magnificencia creativa.

Heroicidad y tragedia, convulsión de sentimientos como los que nos enseña también Füssli en Edipo rey maldiciendo a su hijo Polynice, que es defendido por su hermana Antífona (Ilustración nº 40), obra en la cual la escena muestra a Edipo lleno de ira pronunciando la terrible maldición sobre su hijo.

Mitología desde la introafección, como una revisión necesaria del más profundo sentir trasladándose en el tiempo hacia gestas y fracasos de seres del pasado, un pasado en el que los valores humanos parecían ser mucho más estables y dignos. Como en el caso de Joseph Mallord William Turner, en su característica estética de atmósferas cromáticas desestructuradas nos presentará en 1829 su óleo sobre lienzo titulado Ulises se burla de Polifemo (Ilustración nº 41), escena en la cual narra el momento en el que Ulises se aleja victorioso con su barco de las proximidades de la caverna de Polifemo, mientras este yace ciego en la desesperación del dolor y la derrota. Una metáfora evidente del talante heroico, enfrentamiento del bien frente al mar.

Escenas de antigüedad griega, pero también latina como en el caso de Karl Pavlovic Brjullov con su obra El último día de Pompeya (Ilustración nº 42) de 1833, en la cual, impresionado ante las ruinas de Pompeya, quiso en una monumental composición recrear el cataclismo en una monumental tela de 456x657 cm. Terror, miedo y expresividad con factura clásica de los ciudadanos sorprendidos por la erupción del Vesúbio el 24 de agosto del 79 d.C.

O el caso de Félix Joseph Barrias, con su obra Soldado Galo y su hija prisioneros en Roma (1847) (Ilustración nº 43), escena trágica en la que el pintor muestra desde su ensoñada libertad una escena trágica. Las celdas de Roma, aprisionan a dos cautivos, uno el padre, un musculoso soldado galo, con un talante protector hacia su pequeña hija la cual se refugia con miedo pegada a su padre. En el rostro de la pequeña y su sobrecogimiento y en la mirada del padre, se descubre el miedo a la incertidumbre. Un tema histórico no exento de reminiscencias ensalzadoras del espíritu nacional francés. En estos pocos ejemplos, no podemos dejar de referirnos a Gustave Moreau, y ejemplificar su empatía hacia el pasado en la obra titulada Los pretendientes pintada entre 1852-1853, en la que muestra con pasión y grandilocuencia la venganza de Ulises en su propio palacio ante los invasores del mismo. Una obra en la cual como en la mayoría de sus obras aparece el aura del artista, con su particular estética sensual, visionaria y con tendencia al exceso, algo que anticipa su bien conocido estilo simbolista.

Pero la época por excelencia de refugio del romántico con gran diferencia con respecto al clasicismo greco-latino y la antigüedad es la edad media. Época llena de indefinición y referencias remotas y pintorescas. Una etapa de la historia de la humanidad idealizada.

El romántico, admira el desorden caballeresco del medioevo, contexto en el que no tienen valor todavía las leyes racionales ni los paradigmas de la economía capitalista y en el que su profunda ruralización y vivencia profunda de la espiritualidad generan una gran empatía compensatoria hacia la mente romántica.

Son numerosas las empatías manifestadas hacia este período, las que quedan constancia en las obras literarias y poéticas entre otras las de Walter Scott, Mme. De Stäel, los hermanos Schlegel o Grimm y, en general casi todos los románticos alemanes, desde Novalis hasta Wagner, los cuales vieron la Edad Media como una época superior a la propia, revelándoles el factor unificador del mundo y la cultura cristianos.

A partir de la segunda mitad del siglo XVII y durante todo el siglo XVIII, se genera una nueva visión del arte medieval, entendido como estilo. Esa apreciación desembocará en el Romanticismo en un profundo culto a las ruinas medievales y los temas heroicos y pasionales caballerescos . Literariamente, se desarrollará un novedoso género, sobretodo en el contexto inglés conocido como la Novela gótica o Novela de Terror .

En nuestro contexto, debe hacerse especial mención el fenómeno en Cataluña de la Reinaxença, movimiento que, a partir de la glorificación de la Edad Media catalana, intentaba que Cataluña volviera a alcanzar sus pasadas grandezas. Con la Oda a la Pàtria de Aribau, la juventud romántica catalana había encontrado un manifiesto, un punto de partida y un modelo. En la Renaixença, tuvo una gran importancia para el conocimiento del arte medieval, la obra titulada Recuerdos y bellezas de España de 1839, ilustrada por Francisco Javier Parcerisa y redactada por Pablo Piferrer. Un recorrido por el pasado medieval, muestrario de grabados de ruinas, apariciones fantasmagóricas y paisajes insólitos. Nuevos ideales que abrirían el camino al excursionismo científico y patriótico que culminaría con las restauraciones de los monasterios de Poblet y Ripoll, abandonados hasta entonces a la peor de las suertes.

Con respecto a la ruina, escribirá desgarrado Diderot:

¿Ignoráis por que razón las ruinas agradan tanto? Yo os lo diré; todo se disuelve, todo perece, todo pasa, solo el tiempo sigue adelante. El mundo es viejo y yo me paseo entre dos eternidades. ¿ Qué es mi existencia en comparación con estas piedras desmoronadas?. El recuerdo del pasado, deviene en símbolo de lo transitorio e impermanente, Veo el mármol de las tumbas hacerse polvo. ¡ Y no quiero morir! ¡ Y envidio un ligero tejido de fibras y de carne, una ley general que se ejecuta en el bronce! Un torrente arrastra unas naciones sobre otras al fondo de un abismo común; yo, yo solo, quiero detenerme en la orilla y hender la ola que pasa junto a mí... .

La ruina es para el romántico la metáfora de la levedad del ser. Contraste de vida, muerte y trascendencia. Recuerdo nostálgico del pasado de historias de vidas ya inexistentes, de amores y pasiones extinguidas, de lo vivo y enérgico convertido en muerte y polvo. Un mundo hundido en la lejanía, con bosques y parajes vírgenes, espacios plagados de vida y muerte, sin puntos medios, donde las catástrofes son dignas y heroicas .

En 1795 se inaugura el Musée des Monuments Français de Paris en el antiguo convento des Petits Augustins. Dirigido por el anticuario y pintor Alexandre Lenoir. Una filantrópica iniciativa de recuperación de monumentos y objetos de todo tipo salvados de la barbarie revolucionaria la cual arremetió contra el patrimonio histórico y artístico en el proceso revolucionario, considerando el patrimonio como símbolo de valores monárquicos, aristocráticos y eclesiásticos. Con un trasfondo romántico, se intentaba evocar conmoción y nostalgia al visitante.

En el ámbito pictórico habrá que unir la iniciativa de un grupo de jóvenes emocionados por el evocador pasado medieval que se unen en Francia bajo el nombre de les Troubadours entre los que destacan François Fleury Richard y Pierre Henry Révoil. Y en el contexto Alemán, un grupo de pintores nacionalistas, también reivindicadores de la evocación de los episodios históricos medievales, los cuales se ubican en Roma en torno a 1810 bajo el nombre de Los Nazarenos . Destacando entre ellos Friedrich Overbeck y Franz Pforr.

Presentemos algunos ejemplos pictóricos evocadores del pasado medieval con toda su carga afectiva e idealización, como en el caso del ya referenciado François Fleury Richard y una de sus obras medievalizantes, como: Valentina de Milán llora la muerte de su esposo Luís de Orleáns asesinado en 1407 por Juan Sin Miedo, duque de Borgoña pintada en 1802 (Ilustración nº 44). Una melancólica obra que muestra la tristeza de Valentina Visconti, viuda, solitaria y triste tras el asesinato de su esposo. Sobre una mesa se observa la significativa cita “Rien ne m’est plus. Plus ne m’est rien”.

O Karl Friedrich Schinkel que en 1815 pinta Ciudad Medieval junto a un Río (Ilustración nº 45), una exhaustiva representación de una misteriosa y noble ciudad de la Edad Media.

Y sin dejar de mencionar La Tumba de Ulrich Von Hutten de Caspar David Friedrich de 1842 (Ilustración nº 46). En la cual, un anónimo y misterioso viajero, para en su camino ante la tumba de Von Hutten, destacado líder luterano muerto en el exilio. Un héroe enfrentado a la restauración, cuya tumba semiruinosa yace en la penumbra de un paisaje olvidado. Un entorno para la reflexión, como en todas las obras de Friedrich en las cuales el hombre queda minimizado desde su insignificancia y levedad.

O el honor caballeresco, plasmado por el británico afincado en Roma Charles Lock Eastlake en El Campeón de 1824 (Ilustración nº 47), lienzo que muestra un caballero ataviado con su armadura en el momento de la despedida ante su amada dama antes de marchar para la guerra. Esta le entrega una prenda, su chal, como recuerdo de su amor ante la presencia hierática de un monje y un sirviente. Se respira un clima de honor caballeresco, no exento de tensión ante la incertidumbre de lo que puede acontecer.

O la entereza ante la inminente muerte como en: Ana Bolena en la torre de Londres instantes después de su detención de 1835 (Ilustración nº 48) por Edouard Cibot, óleo en el que se muestra el histórico trance en el cual la segunda esposa de Enrique VIII es decapitada en 1536 bajo falsas acusaciones. La escena presenta a una íntegra Ana Bolena conteniendo estoicamente su desesperación ante el fin inmediato que le aguarda.

Y con respecto al novedoso estilo arquitectónico neogótico, La Abadía de Fonthill de 1799 (Ilustración nº 49), acuarela pintada por Charles Wild, en la que nos muestra la excentricidad de William Beckford, capricho millonario proyectado para Beckford por el arquitecto James Wyatt. Con una torre de 90 metros.

Y como no mencionar algunos ejemplos entre los Nazarenos alemanes, como La entrada de Rodolfo de Habsburgo en Basilea en 1273 (1810) de Franz Pforr, una tela premeditadamente arcaica a la manera de las antiguas miniaturas medievales, plana y sin apenas perspectiva que nos quiere remitir al pasado que añora el artista, el de la unidad de Alemania en tiempos del Sacro Imperio Romano de la que Rodolfo fue el primer emperador. Y también una referencia a Friedrich Overbeck (1811-1829). Su Italia y Alemania (Ilustración nº 50), una pequeña pintura en la cual aparecen dos figuras femeninas simbólicas que representan la civilización alemana y la italiana ambas ataviadas con ropajes, como no, medievales y enmarcadas en un paisaje en el cual nuevamente una capilla románica representa a Italia y unos edificios góticos a Alemania.

El amor como endopatía romántica.

El amor es otra endopatía romántica, complejo territorio en el que se articulan numerosos sentimientos llamémoslos satélites, aquellos que lo dimensionan, impulsan e incluso lo destruyen. El amor es nuevamente crisol de vida y muerte, idealización, pesimismo y nostalgia. Antes del romanticismo, giraba el amor entorno a la conveniencia social, algo que evidenciaba que no era amor. En cambio el romántico arranca su amor del fondo del alma, claro, ¿cómo iba a ser sino, si es su pauta existencial?

Por tanto, procedente de sus más recónditas interioridades, es un amor de verdad, sincero y sin fingimientos. Aunque en realidad, y desde una cada vez más creciente decepción ante el ser humano, lo delimita universalmente como un amor al amor, indescriptible, indefinible, intransferible y único como la unicidad del hombre. Así, aquello que llama amor como experiencia relacional, con una pareja, unas madre, etc, tan sólo será una manifestación de relación. Cuando en esencia, el amor del romántico es único, personal e interno, el cual quedará siempre enraizado en el territorio más ignoto de sí mismo, y sólo será comprensible por él mismo desde sus silencios.

Para el romántico por tanto el amor es cosa de uno, y cada uno lo comparte voluntariamente con el otro. Así su objeto de deseo es un amor idealizado, inventado y soñado a su medida. Evidentemente esta categórica visión, traerá en consecuencia rápidamente el desamor, pues un valor tan propio del mundo de las ideas, y superlativizado se encontrará habitualmente con el desencanto y la decepción desde su exigencia elitista, cuando no sea la otra parte la que se adelante con el clásico y romántico abandono .

El amor es por tanto uno de los valores endopáticos clave de los románticos. No el amor racional y sometido al control de lo conveniente, sino, magma interno, erupción, amor desatado, furioso y ciego, totalmente subjetivo, irracional posesivo y neurótico. El amor es una subversión en estado puro, y por tanto nuevamente nomadismo y búsqueda.

En su amplio espectro y como manifestación creativa, veremos este sentimiento vestido de retóricas sentimentales por un lado y pasionales por el otro. La primera es una actitud melancólica, de tristeza íntima, de ensueño irrealizable del alma tímida del poeta frente a una amada imposible. El amor pasional en cambio, surge de repente y se plantea en términos de todo o nada, rompiendo las convenciones sociales en nombre de la libertad de amar. Suele acompañarlo generalmente como colofón la muerte trágica. Veamos algunos casos.

Châteaubriand, tuvo unos cuantos amores a lo largo de su vida. Precisamente por su condición aristocrática, fueron damas de alta alcurnia o de la nueva nobleza como Nathalie de Laborde, Delphine de Cusine y Pauline de Montmorin , esta última precisamente, murió lánguidamente en sus brazos, episodio que le consternó profundamente. En su vejez, su amante fue una de las mujeres más enigmática de su tiempo, Juliette Récamier.

Schubert, como buen romántico, buscó durante toda su vida el amor, pero fue desdichado en él, sobretodo por la tragedia de su muerte precoz. En un breve párrafo de su diario señalará una importante reflexión experiencial:

Dichoso el que encuentra un amigo sincero, y más aún el que encuentra una verdadera amiga en su mujer. En estos tiempos, el matrimonio es para el hombre libre una desconcertante reflexión; no le suscita más que melancolía o brutal sensualidad .

No se puede hablar del amor romántico pasional sin referirse a Byron, fiel representante de la figura del poeta activista. Byron es un claro ejemplo del espíritu libre que se coloca por encima de toda ley y sociedad a través de su actividad poética. Poeta de la libertad del hombre y de los pueblos, su pluma reflejará su inconformismo hacia los convencionalismos y su vinculación a los ideales más fundamentales del hombre, entre ellos, con mayúscula, el amor.

Pero un amor sin barreras, victorioso, desatado y rebelde, cómo el que a pesar del peso de la tradición y el puritanismo le impulsa a amar pasionalmente a su hermanastra Augusta, hasta que el linchamiento y la constante crítica le empujan a marchar de Inglaterra para refugiarse en la latina Italia , en donde desatará sus pasiones amorosas relacionándose no exento de escándalos sociales con muchas jóvenes como María Segati y Margarita Cogni, también conocida como La Fornarina.

En España , Byron, la pasión amorosa por excelencia la desarrollará en Sevilla , desde donde escribirá a su amada madre para compartir con ella sus experiencias:

...Me alojé en casa de dos mujeres solteras. La mayor con un gran empaque y la menor muy bonita, pero sin tan buena figura como la de doña Josefa. La libertad de costumbres, muy común en Andalucía, me ha asombrado. También he podido observar que la reserva no es una característica de las mujeres españolas, quienes por lo general son muy guapas, con grandes ojos negros y bien formadas. La mayor de ellas ha honrado a vuestro hijo con particular atención besándole tiernamente al despedirle. También me cortó un bucle y a cambio me entregó una de sus trenzas que tiene unos tres pies de largo y que yo os envío para que la guardéis hasta mi regreso .

En su poema Childe Harold, quedará escrito para la posteridad su elogio a la mujer española:

Están formadas para las atrayentes hechicerías de las artes de amar. Son extremas en firmeza y en blandura... El sello del amor está impreso en sus rostros...En sus labios, los besos ansían dejar su nido en honor del hombre que tal galardón merezca. ¡ Cuán tierna es su bella mirada !.¡ Hijas de España, de negros ojos, dignas de figurar entre las angélicas hermosuras del cielo del profeta...! ellas encierran tras su sonrisa los peligros de la Gorgona, saben acudir a las cerradas filas y contribuir a la terrible carrera de la gloria .

Talante en el amor bien diferente al de byron el de Federico Chopin, marcado por una cierta blandura, sentimentalismo e incluso afeminamiento. Enfermo de tisis, enfermedad romántica, compartió el sufrimiento de la enfermedad con el del amor sexual desenfrenado y caprichoso exigido por la noble George Sand y que acabaría en una inevitable ruptura por el desequilibrio de intenciones. Precisamente, para esta:

El amor es sinónimo de vida, algo legítimo y sagrado, un derecho superior del ser humano por encima de cualquier tradición o ley civil, casi un culto divino para el que todo está permitido y consentido .

Un amor por tanto trascendente y experimental que hundió a Chopin en la languidez.

Un amor que en la mayoría de las ocasiones por ley romántica de contrastes se convierte en el desamor. Pues es difícil encontrar ejemplos románticos en los que el amor se muestre en plenitud y buen estado de salud; más bien, la tendencia emocionalista sea la de convertir en objeto estético y de reflexión el dolor del amor no correspondido o el de la trágica pérdida en su plenitud. Algo que se puede ejemplificar pictóricamente con la obra Desilusión amorosa (1825) (Ilustración nº 38) de Francis Danby en el que nos muestra un rincón secreto del río Frome cerca de Bristol el cual ofrece refugio al desconsuelo de una solitaria joven que llora su desilusión amorosa. Significativamente una metáfora: las hojas mustias de las plantas en el primer plano comparten el estado emocional que se respira.

Nomadismos y búsquedas frente a un mundo deshumanizado por el racionalismo totalitario y la sociedad industrial y mercantilista (técnica y dinero). La revolución romántica como estamos viendo, desde su búsqueda interior y desde el hecho de convertir las introafecciones, sentimientos en objeto de conocimiento, representó una significativa rebelión contra el poder.

La huida de estos baldíos territorios, hemos explicado que el romántico lo materializa alienándose y enajenándose desapareciendo en diversas opciones, como cuando crea mundos fantásticos y oníricos o se encierra trágicamente en egotismos degeneradores o simplemente como en el caso de Byron, el cual como muchos otros sale del contexto odiado a través del viaje. Otra manera enajenante sería la de situarse intelectualmente en otras épocas hacia las que por su idiosincrasia nuestro personaje siente una profunda empatía. Épocas idealizadas, en las que elimina todo aquello dudoso a sus intereses para quedarse con lo idílico .

Fantasía e imaginación en el romanticismo.

Sé que este es un mundo de imaginación y visiones, veo cualquier cosa que pinto en este mundo, pero cada cual lo ve de una manera distinta. (William Blake).

Incluso ante la naturaleza, es la imaginación la que crea el cuadro. (Eugène Delacroix).

En sí, la fantasía y la imaginación se encuentran presentes en el hombre como capacidades creativas de nomadismo. La fantasía y la imaginación se articulan sine qua non la una de la otra para dar fruto en ensoñaciones ficticias e irreales, rienda suelta necesaria en ciertos aspectos de la creatividad. Una creatividad que formaliza dimensiones en las cuales el valor de las misma no tiene límite y en la que cabe todo, desde la revisión de leyendas y mitos, a fórmulas aleccionadoras en forma de extraordinarios cuentos morales pasado (algo bastante habitual) acabando en obras que actúan como verdaderas puertas interdimensionales de la imaginación.

Nuestra percepción sobre el tema, rescata de nuestros archivos numerosos ejemplos literarios como el Fausto de Goethe, las Leyendas y Narraciones de Bécquer, el Peter Rugg de William Austin, las Leyendas árabes de Washington Irving o el Manuscrito encontrado en Zaragoza del Conde Potocki, todas ellas, no son más que una ínfima ejemplificación de la prolífera creatividad fantástica. Claro, que entre todas ellas, existe una personal empatía hacia la obra de Ernst Theodor Wilhelm Hoffmann, desde una nostalgia ubicable en mi particular infancia en forma de un libro de cuentos, lamentablemente desaparecido el cual tenía en su encuadernación e ilustraciones un elegante porte germánico. Cuentos los de Hoffmann, sembrados de metáforas y visiones fantásticas del hombre, con profundas enseñanzas sobre la realidad desde formas misteriosas y enigmáticas .

En pintura el espectro es amplio, destacando sin la menor duda la obra de Johann Heinrich Füssli (1741-1825). Füssli nació en suiza y allí llevó una vida turbulenta relacionada con el radicalismo protestante. Posteriormente se estableció en Inglaterra, donde realizó obras pictóricas inquietantes en las que aparecen siempre seres extraños y fantásticos. Seres en ocasiones mitad hombre mitad animal, pero siempre oníricos y siniestros. Füssli trabajó mucho inspirado en temas literarios de Milton, Sófocles y Shakespeare, entre otros. En su obra Titania, Bottom y las Hadas (1794) (Ilustración nº 31), demuestra una profunda influencia de El sueño de una noche de verano de Shakespeare, mostrándonos en la escena a un reconocido y shakespeariano personaje con cuerpo humano y cabeza de asno, rodeado a la vez como se recoge en el episodio literario, de personajes fantásticos como duendes, hadas y elfos .

Por otra parte es obligada la mención a la obra de William Blake (1757-1827), la cual, supone también un referente indiscutible para entender valores endopáticos fantasiosos e imaginativos en la actividad creativa. Como pintor visionario, al igual que Füssli, su obra está llena de representaciones alegóricas, simbólicas, místicas, literarias, con reminiscencias oníricas, que anuncian tempranamente el Simbolismo, el Prerrafaelitismo y el Surrealismo. Blake tuvo desde joven una gran influencia de Miguel Ángel, y esto generó en su obra monumentalidad dibujística así como una estética escenográfica y teatral, Blake es el pintor de lo abstracto y lo absoluto, y en sus temas mayoritariamente literarios y bíblicos nos invita a la ensoñación como por ejemplo en sus ilustraciones como: Ilustración de la Divina Comedia, Ilustración de la Biblia, Ilustración del libro de Job, Ilustración de libros proféticos. En alegorías como La Noche y La Divinidad (Ilustración nº 32). Y en otras obras como entre otras: Satanás tentando a Job, Lamech y sus dos esposas (1795), Enterramiento de Cristo (1799-1800), El Blasfemador (1800), La Crucifixión, El espíritu de William Pitt (1805), Beatriz dirigiéndose a Dante desde el carro (1824-27), El espíritu de Nelson guiando a Leviatán y La Penitencia de los ladrones (1824-27).

Como complemento a los grandes visionarios románticos como Füssli y Blake, recuerdo personalmente con respecto a la fantasía y la imaginación, algunas obras claves para sentir el fenómeno. Como por ejemplo, un siniestro cuadro de Alexandre-Gabriel Decamps titulado Las brujas de Macbeth (1819) (Ilustración nº 33). En el cuadro, se conmociona al espectador con una escena oscura, un sortilegio de brujas en la decadencia de un siniestro espacio iluminado por las brasas de un fuego central en el cual una de ellas coloca un sapo en un caldero. Nuevamente la literatura se hace presente con toda su magia y misterio, pues se trata de una recreación del acto IV de Macbeth de Shakespeare. Obra que recuerda rápidamente también a El Sabbah de las brujas (1878) (Ilustración nº 34) de Francisco de Goya, cuadro que formaba parte de una serie de ocho piezas encargo de la duquesa de Osuna sobre el tema de la brujería. Goya, conociendo las supersticiones populares, imagina el ritual de sacrificio de un niño al macho cabrío (representación de Satanás), al igual que con el cuadro de Decamps, helando la sangre del espectador.

A ellos, debo añadir otro particular recuerdo en una pieza donde, siguiendo en el ámbito literario, François Fleury Richard nos relata visualmente una escena del cuento de caperucita de Charles Perrault. El artista, con esta obra titulada Caperucita Roja (1820) (Ilustración nº 35) nos retrae a la infancia en la escena del cuento en la que el lobo ha devorado ya a la abuela y postrado en su cama aguarda a engañar a la frágil niña para también devorarla. Fantasías amables y oníricas , en las que a pesar de ser un cuento, la presencia terrible de la muerte, el miedo y el terror están latentes.

El golpe maestro del leñador de las hadas de Richard Dadd (1855-1864) (Ilustración nº 36), nos remite también a la infancia idealizadora e idealizada. En una atípica obra, con connotaciones, me atrevería a decir surrealistas; el artista narra un abigarrado encuentro de personajes fantásticos de cuento, como los duendes, hadas y diversas criaturas las cuales contemplan como un leñador se dispone a partir una castaña. En realidad, es una escena de uno de sus propios cuentos fantásticos infantiles. Dadd, es referencia indiscutible de la ilustración infantil moderna.

La fantasía y la imaginación, toman en ocasiones una particular forma cuando proceden de experiencias de inconsciencia como son los sueños .

Estas experiencias inconscientes llamadas sueños, serán añadibles también al talante fantástico romántico y tomarán forma en obras como por ejemplo El Sueño de Endimión de Anne-Louis Girodet de Roucy-Trioson de 1793. En el cual con una temática mitológica nos muestra como Selene, la Diosa de la Luna griega ha sumido al bellísimo pastor griego Endimión. Amor, ayuda en la intención de Selene de acariciar con sus rayos el cuerpo del durmiente, separando las hojas de los arbustos que envuelven la escena. Una metáfora de la placentera vulnerabilidad en la que queda el hombre que se aleja de la vigilia, la razón.

Mundo que pierde sus connotaciones idílicas para devenir terror y sorpresa cuando el sueño deviene pesadilla, como bien nos muestra el ya referenciado visionario Johann Heinrich Füssli (1791) en la Pesadilla Nocturna (Ilustración nº 37), el cual fascinado por el misterio de lo sobrenatural crea esta obra contraste de sensualidad y monstruosidad, una ambigüedad en la que sobre el vientre de la durmiente se sienta un ser mitad enano y mitad animal, mientras asoma por la cortina una inquietante cabeza de caballo que representa en sí a la pesadilla.

Cabe aquí también mención de las 500 acuarelas nocturnas del también visionario y también ya presentado William Blake, conjunto de ensoñaciones y fantasías nocturnas para ilustrar el poema Night Throughts de Edward Young (una obra clave del género de la poesía sepulcral).

Nostalgia romántica

Otro valor añadido al genérico sentimiento atmosférico del pesimismo que cual espectro lo cubre todo en el romanticismo, es la nostalgia, una auténtica abstracción sentimental referida a valores temporales en ocasiones y espaciales en otras, con tendencia a idealizar los recuerdos de la experiencia de cada cual y plantearlos como un oasis conceptual en el que refugiarse ante el pesimismo con la certeza eso sí de su naturaleza utópica, pues cualquier experiencia vivida es metafísicamente irrepetible y más aún si ha sido idealizada, por lo tanto irreal. Nostalgia que puede sumir al individuo aún en un mayor tedio, o bien puede impulsarlo pasionalmente hacia la metafórica flor azul, la utopía .

Una Nostalgia que invita profundamente a la reflexión y que precisamente da a entender hacia donde quiere ir y de donde huye. Algo que se intuye en la obra En la ventana de Caspar David Friedrich (1822) (Ilustración nº 30). En ella, la protagonista es una mujer de espaldas, la cual mira al exterior a través de una ventana. Se trata de la casa del pintor en Dresden y ella es su esposa Caroline. La atmósfera es de tranquilidad y serenidad, pero en la misma hay algo más que quietud y armonía. Aparece el recogimiento meditativo del ser y el valor obsesivo en Friedrich del contraste entre existencia y trascendencia, lo que vive y lo que deja de vivir. Una reflexión sobre un momento de plenitud pasajero que ojalá se pudiera perpetuar. Nostalgia de lo que puede ser un momento irrepetible en la vida.