GALERIA MAES .MADRID.
http://galeriamaes.com/
Directora: Mari Luz Pascual.
Buena Galería. En tiempos de "despicturación".apuesta por buena pintura.
Algunas fotos de mi última expo.
DIRECTORIO
"Territories of Peace". Barnadas Huang Art Gallery. Singapore.
Acuarelas naturales
AGAIN SAILING
ALGUNAS PALMERAS MARROQUÍES
Algunos dibujos de niño.
ALGUNOS RECUERDOS LITORALES.
ANIMALOTS
AUTORETRATOS
AVIARIUM.
Barcos 1990
BARNADAS HUANG
BIENAL DE ARTE DE BRAGA 2016
Cahier de voyage:París.
CAL TORNAR A LA LLUNA
Càntirs
Castell de Sant ferran de Figueres.
CATS
COLECCIÓN PERMANENTE DEARTE MEDINACELI.
CONTACTA
CREIXELL FIRA D'ART 2016
CUADERNO DE VIAJE
CURRICULUM
DIBUJOS ESTIVALES
EL MITO DE LEANDRO Y HERA
EN PREPARACIÓN
ERMITA DE FISCAL (HUESCA)
ESTUDIOS SOBRE EL ARABESQUE Nº1.L.66 DE CLAUDE DEBUSSY.
EXPOSICIÓN :SEFARAD PAISAJES DE NOSTALGIA.MUSEO CORTIJO MIRAFLORES. MARBELLA.
FELICITACIÓN 2012
FESTIVAL POESÍA ENTRE ALMENAS
Galería D'Art María Cinta Dalmau.
GALERÍA MARIA NIEVES MARTÍN
Galerias
GALERIE L'ARBRE BLEU
HOMENAJE A LOS PALMARES MURCIANOS Y ALICANTINOS
HOMENAJE CERVANTINO
HUMET SAULA CALELLA 2016
IMAGINARIUM
IMAGINARIUM. Iglésia de Jesús. Fiscal (Huesca).
IMAGINARIUMMayo de 2015
INTERVIUS
LA CERVERINA D'ART. IMAGINARIUM.
LA MIRADA DE PICASSO
LES CARBONERES: BARCELONA
LIBRO: NOCTURNO.
LIBRO: PAISAJES AZULES.
LIBRO: PEQUEÑO TRATADO DE PAISAJES LITORALES
LIBRO: SUEÑOS
Libro: YO DE MAYOR QUIERO SER.
Lugares que me inspiran
MAGIC BOX
Mandalas
MARINAS
MAS FORASTER. MONTBLANC
MASMONZÓN
MENORAH
MUSEO DE BELLAS ARTES DE CARTAGO.
MUSEU D'HISTÒRIA DE LA INMIGRACIÓ DE CATALUNYA
Música que me inspira
news
NOSTÀLGIES.
OBRA ACTUAL/ PARADÍS
OBRA CASAS
OBRA DONACIÓN
OBRA SOLIDARIA
OBRA/ SOUTERN AND EASTERN LANDSCAPES
OBRA/ADMINICULOS PARA UN VIAJE INTERIOR.
OBRA/DIBUJOS ORIENTALES
OBRA/Est ubi inficere animan.
OBRA/EXPERIMENTACIONES DIGITALES
OBRA/HIMALAYA
OBRA/INDIA
OBRA/ISTANBUL
OBRA/NATURES MORTES
OBRA/ORIENT
OBRA/PAISAJES MEDITERRÁNEOS
OBRA/PALMS
OBRA/PINTURAS DE ENERO
OBRA/PINTURAS PARA EL FIN DE UN SIGLO
OBRA/SÝMBOLON
OBRA/TERRITORIOS DE PAZ
OBRA/UMBRAL POÉTICO Y NOSTALGIA DE LA TIERRA.
OCELLS
Opinión
OS DE BALAGUER
OTROS BAILAN.
PAISAJES CON DOS PRESENCIAS.
PAISAJES DE AUSENCIA
PAISAJES DE SEFARAD
PAISAJES DEL ALMA
PAISAJES PATRIAS
PECES
Personas que me inspiran
POESIS
PRESS
PROCEDIMIENTOS PICTÓRICOS
PROCESOS
QUE BELLA ESTA LA MAR ESTA NOCHE
RECORDS I ALTRES RACONS DE L'ÀNIMA
RECUERDOS Y OTROS RINCONES DEL ALMA.
REFLEXIONES SOBRE ARTE
SE BAIGNER
SERIE PARADIS
SHIPS
Sobre mi pintura
SOMNIS
TANGRAM
TANGRAM. SANT JORDI 2016.
TRATADO DE LUNAS
Trocitos de Mar
UNOS BEBEN
V EXPOSICIÓN COLECTIVA DE ARTISTAS NACIONALES.
VIDEOS EN YOUTUBE
VOLVER
X ART AL VENT
YO SIEMPRE QUISE SER UN GRAN PEZ.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
martes, 23 de noviembre de 2010
El Post-Impresionismo: Nomadismo de individualidades subjetivas e introspectivas.
El Postimpresionismo supone una nueva oleada de caminos y planteamientos estéticos tras una ruptura aproximadamente hacia 1880 con el Impresionismo, sobretodo en cuanto a que se pierde la obsesión por el estudio y puesta en práctica del cromatismo lumínico. La propuesta principal no corresponde a ningún colectivo, pues el postimpresionismo es asunto de individualidades subjetivas e introspectivas, pero sí que aparece la necesidad de la defensa de la emotividad y la reconstrucción de la forma que parecían olvidadas, o al menos habían pasado a un término secundario en el Impresionismo. Estéticas personales, en definitiva, cuyo eje común es el convertir la existencia y la introspección en métodos de conocimiento artístico. Convertir el triunfo de la creación en un esfuerzo personal cuyo origen es el tormento de individualidades solitarias como Cezanne, Van Gogh, Toulose-Lautrec y Gauguin.
En ocasiones denominados mitos de la evasión o evasionistas por su carácter errante y nómada. Se evidencia en todos ellos cómo su estado interior, bien modelado por las circunstancias sociales, bien por las familiares, por las experienciales en definitiva, les impulsa a una búsqueda de los objetivos paliativos necesarios para dignificarse a través del ir y venir en la difícil práctica artística. Las identidades de los postimpresionistas fluirán en el espacio de relaciones y diferencias que es el mundo, decidiendo quedar fuera de lo que es la norma desde su idiosincrasia endopática y decisión nómada. El Postimpresionismo es una etapa de la historia de la creatividad artística del hombre en la que el pensamiento nómada y endopático queda muy claro por la decisión común de todos sus componentes en constituirse en identidades híbridas, en el sentido de no encajar en las divisiones identitarias dominantes.
También por ser identidades tácticas pues su personalidad particular es de uso en el sentido de que a través de ella se persigue la consecución de sus objetivos, y ello configura una obra personal y única. Identidad nómada pues el sujeto se constituye en práctica, actuando políticamente en la afirmación de la práctica por encima del de la identidad. Todo ello en la praxis de una subversión justificada por la pesadumbre de los tiempos y los pensamientos dominantes:
Vincent Van Gogh (1853-90) (Ilustración nº 72), quizás es el más recordado entre los postimpresionistas, sobretodo por su vida atormentada y su locura, la cual le llevó trágicamente a episodios maníacos como su autoagresión al cortarse la oreja o mucho más trágicamente su propio suicidio en 1890. De Van Gogh, trascienden sus obras caracterizadas por aquellas pinceladas densas y empastadas, además de un cromatismo dinámico y agresivo. Van Gogh fue un artista de vocación pictórica muy tardía , pues su juventud la dedicó a otros asuntos no menos comprometidos y pasionales. De hecho, su juventud y lo vivido y experimentado en ella fue determinante en la definición de su personalidad sobretodo con respecto al episodio de pietismo religioso vivido en su entorno familiar (siendo su padre pastor autoritario de esta iglesia) y generalizado en una Holanda fanatizada y extremadamente puritana. Así comienzan en muchas ocasiones las aventuras nómadas de muchos creadores, huyendo de la familia, en entorno y la convención. No obstante, en él prevalecen valores espirituales que en un principio no rechaza, más bien todo lo contrario, en una decisión de dedicar su vida y esfuerzo a los demás (algo igualmente observable en numerosos nómadas), se convierte en seminarista y estudiante de Teología. Pero la vocación fracasó pues en definitiva su espíritu errante acabó enfrentado a las convenciones de la institución eclesiástica y su falso altruismo algo que le impulsa desde su profundo sentimiento religioso se verá impulsado a la evangelización y a la enseñanza casi por cuenta propia entre los más necesitados. Alejado de la institución de púlpitos elegantes y burgueses se sumerge en la extrema pobreza de los necesitados (otro nomadismo cuestionador del hábitat) entre los mineros de Borinage (Bélgica) en 1879, conviviendo profundamente con ellos la dureza y la pobreza más atroz. La experiencia forja a los hombres, y tras numerosos sentimientos dolorosos como desidia, cansancio anímico, pérdida de fe y esperanza en el hombre y en la religión, fracasos sentimentales, rechazos de los mineros, profunda sensibilidad introafectiva; todo ello le lleva lógicamente a un nuevo revulsivo, otra huida, otro alejamiento. Van Gogh se dirige esta vez más acertadamente a una pasión de infancia, la pintura, la cual inicia años atrás animado y tutelado por su hermana en tiempos más gratos y pueriles, al menos desde la idealización del recuerdo. Así Vincent comienza a pintar sus primeras telas, aún faltas de motivo profundo y factura definida, en las cuales se pueden entender todas y cada una de las introafecciones vividas y sufridas en su particular biografía. El artísta se centra sobre todo en hacer de cronista de todo lo vivido en Borinage, entre los pobres mineros, los mismos que le insultan y apedrean pues no entienden desde su rudeza la extrema sensibilidad del pastor y maestro. Son telas tristes a través de un tétrico realismo de tonos tierras, sombras y figuras tristes.
Pero en 1885, se produce un hecho valioso que definirá aun más a partir de entonces su particular estética; Van Gogh descubre en Amberes a Rubens, y con su obra, el color. Así se produce un emocionalismo gratificante y con ello alegría y vitalismo cromático y dinámico que se hará constante en su obra. Un año después, se instala en París, donde vive Theo, su hermano, marchante de arte dispuesto a vivir la aventura artística en la capital del mundo. Allí conoce entusiasmado a los impresionistas quedando fascinado por su obra y en gran medida haciendo una pintura muy próxima a estos. Son tiempos de relación con Toulouse-Lautrec, Seurat, Signat y Gauguín entre otros. Pero el peso de la capital como institución y sede de formalismos le impulsan de nuevo a encaminarse en la búsqueda de lo utópico viajando hacia el sur provenzal, el de la luz y el calor. Un Sur vital reconstructor, sobretodo para un artísta plástico , además de un Sur que le recuerda por su luz al venerado maestro de la estampa japonesa, Hokusai.
Así Vincent Van Gogh llegó a Arlés en la región Provenzal a finales de febrero de 1888. Tenía por entonces treinta y cuatro años y sólo llevaba ocho años consagrado a la pintura. Su formación y experiencia artística era escasa, si bien había entablado amistad con Paul Gauguin y con Henri Toulouse-Lautrec, y había expuesto su obra junto con la de estos en el Café du Tambourin, en el Boulevard de Cliché, lo que más contaba en Van Gogh eran sus ganas de salvar al mundo pintando, conociendo y amando. El artista permaneció en Arlés hasta mayo de 1889, desarrollando una pasional y voraz actividad pictórica en la que se evidenciará su peculiar estilo colorista exaltado con sus amplias gamas de amarillos y su paleta densa y espesa. En ocasiones acompañado como cuando llega Gauguín dispuesto a compartir con él en semejante paraíso los secretos y néctares de la creatividad pictórica. Algo que se malogró en la convivencia cotidiana, pues la amistad se trunca tras una discusión que acaba con una agresión de Van Gogh a Gauguin, Provocando la marcha irreversible de Gauguin y la autoinmolación de Van Gogh el cual desde un profundo sentido de culpabilidad se corta, como es bien conocido, una oreja.
A partir de entonces, la soledad extrema, el miedo existencial y todos sus fantasmas alteran su vitalismo para irrumpir la terrible enfermedad mental y sus episodios de altibajos entre la demencia y la lucidez. Sus últimos años se desarrollan en Auvers-sur-Oise, donde se suicida en 1890 a pesar de los esfuerzos por su salud del célebre doctor Gachet.
Van Gogh, es un intuicionista, un evasionista, un avanzado de la pintura contemporánea y uno de los precursores del arte del siglo XX. La fuerza en su obra es pura energía, todo arranca de su interior, del sentimiento trágico de la vida todo en su obra será reflexión desde el propio “yo” (endopatía). Van Gogh deja desde su experiencia un gran legado que tendrán bien presente numerosos artistas hasta la actualidad: la necesidad del artista de expresarse con la mayor fuerza interior posible y la relativización de la visión, que dejará de ser solamente instrumento que permite relacionar el individuo con la naturaleza, para convertirse en la puerta por la que se proyectan en la naturaleza y en el entorno los sentimientos del hombre para ser recogidos en último extremo por el lienzo .
Merece igual mención por su importancia en la historia del arte y aquí por sus connotaciones nómadas Paul Gauguín (Ilustración nº 73). El artista postimpresionista comienza su andadura artística tras un osado y sorpresivo alejamiento de una vida acomodada en su actividad bursátil y familiar, pero al parecer tan poco satisfactoria que le impulsan al alejamiento y abandono de la misma. Admirador de los impresionistas y amigo personal de Pisarro, llegará a exponer en 1880 en la quinta exhibición impresionista; valga señalar que destacando más bien poco. En realidad su impulso artístico lo encontrará entre 1886 y 1888, sobretodo a raíz de su vocación viajera (un nomadismo constante de transposición) sobretodo porque en culturas distantes descubre sus raíces primitivas e indígenas, visiones diferentes a las conocidas, sobre todo con respecto a la estrecha convivencia con la naturaleza. Ello despertó en Gauguín una nostalgia por lo primitivo, cauce en el que iba a encontrar una vía idónea para expresar una emotividad no contaminada por el naturalismo propio del arte refinado contextual. Entre 1891 y 1903, continuó sus búsquedas a través del viaje, efectuando largas estancias en Tahití y las Islas Marquesas donde su primitivismo fue tomando cuerpo desde una perspectiva onírico-poética en relación al exotismo de dichas tierras y sus formas y colores así como su libre espiritualidad. Un primitivismo ajeno a convencionalismos y expectante ante la belleza de la naturaleza y su inocencia lujuriosa. Gauguín murió de la rotura de un aneurisma en la mayor miseria a los cincuenta y cinco años en Atuana, en la isla de Hiva Oa, donde vivió retirado y creando pasionalmente en sus últimos días. Días después, se puso a la venta su casa, la célebre Maison du Jouir (Ilustración nº 74) y se subastaron algunas obras suyas. El recaudador del registro pidió al pintor Le Moine que le ayudara a realizar el inventario y ambos tiraron a la basura una gran cantidad de dibujos esbozos y bocetos de esculturas que no denotaban según ellos una mentalidad genial sino una imaginación indecorosa (algo que evidencia precisamente aquello de lo que huyó Gauguín, una sociedad del cerrazón y la insustancialidad). En definitiva, Paul Gauguin deseaba instaurar el derecho a atreverse a todo y defendiendo la aproximación a las fuentes, a la infancia de la humanidad, en paraísos perdidos llenos de paz y felicidad. Había ido a buscar ese primitivismo junto a los descendientes de los antiguos maoríes y consideraba en sus últimas cartas que lo inimitable de su pintura era su salvajismo siempre en busca de paraísos perdidos y de un más allá lleno de promesas y felicidad. Sugestión desde los recónditos paisajes internos del artista en definitiva en definitiva nuevamente nomadismo e introafección.
En ocasiones denominados mitos de la evasión o evasionistas por su carácter errante y nómada. Se evidencia en todos ellos cómo su estado interior, bien modelado por las circunstancias sociales, bien por las familiares, por las experienciales en definitiva, les impulsa a una búsqueda de los objetivos paliativos necesarios para dignificarse a través del ir y venir en la difícil práctica artística. Las identidades de los postimpresionistas fluirán en el espacio de relaciones y diferencias que es el mundo, decidiendo quedar fuera de lo que es la norma desde su idiosincrasia endopática y decisión nómada. El Postimpresionismo es una etapa de la historia de la creatividad artística del hombre en la que el pensamiento nómada y endopático queda muy claro por la decisión común de todos sus componentes en constituirse en identidades híbridas, en el sentido de no encajar en las divisiones identitarias dominantes.
También por ser identidades tácticas pues su personalidad particular es de uso en el sentido de que a través de ella se persigue la consecución de sus objetivos, y ello configura una obra personal y única. Identidad nómada pues el sujeto se constituye en práctica, actuando políticamente en la afirmación de la práctica por encima del de la identidad. Todo ello en la praxis de una subversión justificada por la pesadumbre de los tiempos y los pensamientos dominantes:
Vincent Van Gogh (1853-90) (Ilustración nº 72), quizás es el más recordado entre los postimpresionistas, sobretodo por su vida atormentada y su locura, la cual le llevó trágicamente a episodios maníacos como su autoagresión al cortarse la oreja o mucho más trágicamente su propio suicidio en 1890. De Van Gogh, trascienden sus obras caracterizadas por aquellas pinceladas densas y empastadas, además de un cromatismo dinámico y agresivo. Van Gogh fue un artista de vocación pictórica muy tardía , pues su juventud la dedicó a otros asuntos no menos comprometidos y pasionales. De hecho, su juventud y lo vivido y experimentado en ella fue determinante en la definición de su personalidad sobretodo con respecto al episodio de pietismo religioso vivido en su entorno familiar (siendo su padre pastor autoritario de esta iglesia) y generalizado en una Holanda fanatizada y extremadamente puritana. Así comienzan en muchas ocasiones las aventuras nómadas de muchos creadores, huyendo de la familia, en entorno y la convención. No obstante, en él prevalecen valores espirituales que en un principio no rechaza, más bien todo lo contrario, en una decisión de dedicar su vida y esfuerzo a los demás (algo igualmente observable en numerosos nómadas), se convierte en seminarista y estudiante de Teología. Pero la vocación fracasó pues en definitiva su espíritu errante acabó enfrentado a las convenciones de la institución eclesiástica y su falso altruismo algo que le impulsa desde su profundo sentimiento religioso se verá impulsado a la evangelización y a la enseñanza casi por cuenta propia entre los más necesitados. Alejado de la institución de púlpitos elegantes y burgueses se sumerge en la extrema pobreza de los necesitados (otro nomadismo cuestionador del hábitat) entre los mineros de Borinage (Bélgica) en 1879, conviviendo profundamente con ellos la dureza y la pobreza más atroz. La experiencia forja a los hombres, y tras numerosos sentimientos dolorosos como desidia, cansancio anímico, pérdida de fe y esperanza en el hombre y en la religión, fracasos sentimentales, rechazos de los mineros, profunda sensibilidad introafectiva; todo ello le lleva lógicamente a un nuevo revulsivo, otra huida, otro alejamiento. Van Gogh se dirige esta vez más acertadamente a una pasión de infancia, la pintura, la cual inicia años atrás animado y tutelado por su hermana en tiempos más gratos y pueriles, al menos desde la idealización del recuerdo. Así Vincent comienza a pintar sus primeras telas, aún faltas de motivo profundo y factura definida, en las cuales se pueden entender todas y cada una de las introafecciones vividas y sufridas en su particular biografía. El artísta se centra sobre todo en hacer de cronista de todo lo vivido en Borinage, entre los pobres mineros, los mismos que le insultan y apedrean pues no entienden desde su rudeza la extrema sensibilidad del pastor y maestro. Son telas tristes a través de un tétrico realismo de tonos tierras, sombras y figuras tristes.
Pero en 1885, se produce un hecho valioso que definirá aun más a partir de entonces su particular estética; Van Gogh descubre en Amberes a Rubens, y con su obra, el color. Así se produce un emocionalismo gratificante y con ello alegría y vitalismo cromático y dinámico que se hará constante en su obra. Un año después, se instala en París, donde vive Theo, su hermano, marchante de arte dispuesto a vivir la aventura artística en la capital del mundo. Allí conoce entusiasmado a los impresionistas quedando fascinado por su obra y en gran medida haciendo una pintura muy próxima a estos. Son tiempos de relación con Toulouse-Lautrec, Seurat, Signat y Gauguín entre otros. Pero el peso de la capital como institución y sede de formalismos le impulsan de nuevo a encaminarse en la búsqueda de lo utópico viajando hacia el sur provenzal, el de la luz y el calor. Un Sur vital reconstructor, sobretodo para un artísta plástico , además de un Sur que le recuerda por su luz al venerado maestro de la estampa japonesa, Hokusai.
Así Vincent Van Gogh llegó a Arlés en la región Provenzal a finales de febrero de 1888. Tenía por entonces treinta y cuatro años y sólo llevaba ocho años consagrado a la pintura. Su formación y experiencia artística era escasa, si bien había entablado amistad con Paul Gauguin y con Henri Toulouse-Lautrec, y había expuesto su obra junto con la de estos en el Café du Tambourin, en el Boulevard de Cliché, lo que más contaba en Van Gogh eran sus ganas de salvar al mundo pintando, conociendo y amando. El artista permaneció en Arlés hasta mayo de 1889, desarrollando una pasional y voraz actividad pictórica en la que se evidenciará su peculiar estilo colorista exaltado con sus amplias gamas de amarillos y su paleta densa y espesa. En ocasiones acompañado como cuando llega Gauguín dispuesto a compartir con él en semejante paraíso los secretos y néctares de la creatividad pictórica. Algo que se malogró en la convivencia cotidiana, pues la amistad se trunca tras una discusión que acaba con una agresión de Van Gogh a Gauguin, Provocando la marcha irreversible de Gauguin y la autoinmolación de Van Gogh el cual desde un profundo sentido de culpabilidad se corta, como es bien conocido, una oreja.
A partir de entonces, la soledad extrema, el miedo existencial y todos sus fantasmas alteran su vitalismo para irrumpir la terrible enfermedad mental y sus episodios de altibajos entre la demencia y la lucidez. Sus últimos años se desarrollan en Auvers-sur-Oise, donde se suicida en 1890 a pesar de los esfuerzos por su salud del célebre doctor Gachet.
Van Gogh, es un intuicionista, un evasionista, un avanzado de la pintura contemporánea y uno de los precursores del arte del siglo XX. La fuerza en su obra es pura energía, todo arranca de su interior, del sentimiento trágico de la vida todo en su obra será reflexión desde el propio “yo” (endopatía). Van Gogh deja desde su experiencia un gran legado que tendrán bien presente numerosos artistas hasta la actualidad: la necesidad del artista de expresarse con la mayor fuerza interior posible y la relativización de la visión, que dejará de ser solamente instrumento que permite relacionar el individuo con la naturaleza, para convertirse en la puerta por la que se proyectan en la naturaleza y en el entorno los sentimientos del hombre para ser recogidos en último extremo por el lienzo .
Merece igual mención por su importancia en la historia del arte y aquí por sus connotaciones nómadas Paul Gauguín (Ilustración nº 73). El artista postimpresionista comienza su andadura artística tras un osado y sorpresivo alejamiento de una vida acomodada en su actividad bursátil y familiar, pero al parecer tan poco satisfactoria que le impulsan al alejamiento y abandono de la misma. Admirador de los impresionistas y amigo personal de Pisarro, llegará a exponer en 1880 en la quinta exhibición impresionista; valga señalar que destacando más bien poco. En realidad su impulso artístico lo encontrará entre 1886 y 1888, sobretodo a raíz de su vocación viajera (un nomadismo constante de transposición) sobretodo porque en culturas distantes descubre sus raíces primitivas e indígenas, visiones diferentes a las conocidas, sobre todo con respecto a la estrecha convivencia con la naturaleza. Ello despertó en Gauguín una nostalgia por lo primitivo, cauce en el que iba a encontrar una vía idónea para expresar una emotividad no contaminada por el naturalismo propio del arte refinado contextual. Entre 1891 y 1903, continuó sus búsquedas a través del viaje, efectuando largas estancias en Tahití y las Islas Marquesas donde su primitivismo fue tomando cuerpo desde una perspectiva onírico-poética en relación al exotismo de dichas tierras y sus formas y colores así como su libre espiritualidad. Un primitivismo ajeno a convencionalismos y expectante ante la belleza de la naturaleza y su inocencia lujuriosa. Gauguín murió de la rotura de un aneurisma en la mayor miseria a los cincuenta y cinco años en Atuana, en la isla de Hiva Oa, donde vivió retirado y creando pasionalmente en sus últimos días. Días después, se puso a la venta su casa, la célebre Maison du Jouir (Ilustración nº 74) y se subastaron algunas obras suyas. El recaudador del registro pidió al pintor Le Moine que le ayudara a realizar el inventario y ambos tiraron a la basura una gran cantidad de dibujos esbozos y bocetos de esculturas que no denotaban según ellos una mentalidad genial sino una imaginación indecorosa (algo que evidencia precisamente aquello de lo que huyó Gauguín, una sociedad del cerrazón y la insustancialidad). En definitiva, Paul Gauguin deseaba instaurar el derecho a atreverse a todo y defendiendo la aproximación a las fuentes, a la infancia de la humanidad, en paraísos perdidos llenos de paz y felicidad. Había ido a buscar ese primitivismo junto a los descendientes de los antiguos maoríes y consideraba en sus últimas cartas que lo inimitable de su pintura era su salvajismo siempre en busca de paraísos perdidos y de un más allá lleno de promesas y felicidad. Sugestión desde los recónditos paisajes internos del artista en definitiva en definitiva nuevamente nomadismo e introafección.
El Impresionismo como retorno a la libertad e impulso vital del artista.
Los Impresionistas heredaron en gran medida los planteamientos afectivos y a la vez realistas de la Escuela de Fontainebleau , admirando la voluntad de pintar la naturaleza investigando los efectos que en ella ocasionaban los cambios atmosféricos y la luz y trabajando a plein air y por tanto in situ como ya lo hicieron los miembros de esta escuela como Théodore Rousseau (1812-67), Charles-François Daubigny (1817-78), Narciso Díaz de la Peña (1807-76) y Constant Troyon (1810-65) entre otros. Son numerosos los historiadores del arte que insisten en señalar el Impresionismo como punto partida del arte moderno, de hecho, el movimiento partió de un notable desacuerdo con el clasicismo y las fórmulas de la Academia Francesa, los cuales insistían en la delimitación y cuadratura del arte. El impresionismo vio sus primeras reuniones en el seno de la Belle Époque en el Café Guerbois de París, allí un grupo de inquietos artistas debatieron inquietudes comunes como la necesaria búsqueda de nuevos caminos en el arte diferentes de los conocidos hasta ahora (algo que esboza ya una sospecha hacia el nomadismo). Su comienzo oficial fue en el año 1874 con la fundación de la Sociedad Anónima de Pintores, Escultores y Grabadores, institución libre e independiente cuyo principal premisa fue la de potenciar la organización de exposiciones privadas ya que numerosos artistas encontraban gran dificultad para exponer en los circuitos oficiales pues sus planteamientos eran rechazados en base a criterios académicos. Fue precisamente en ese mismo año cuando hicieron su primera exposición colectiva, en la que destacó un cuadro de Monet titulado Impresión, Sol naciente (Ilustración nº 67) fechado en 1872 y que motivó el que algunos críticos denominaran al grupo en un sentido irónico e incluso despectivo: Impresionistas. A esta exposición siguieron muchas otras hasta que poco a poco el grupo se disolvió definitivamente, en 1886.
El nomadismo que practicaron los impresionistas debe ser entendido como una ruptura y un alejamiento de las fórmulas académicas y clasicistas (fórmulas que le marginaban e incluso rechazaban). El artista impresionista se planteó una nueva visión del arte desde novedosas reflexiones que partían de hechos científicos y que revulsionaron sus valores internos afectivos, como el descubrimiento de los colores complementarios, la Ley del Contraste simultáneo, y en general las investigaciones sobre la luz; planteamientos científicos todos ellos en el seno del positivismo y defendidos por físicos como Chevreul, Heisenberg, Hemboltz, Rood y Maxwell, entre otros. A ello también se sumó el reciente descubrimiento de la fotografía.
A partir de entonces, los impresionistas, se obsesionaron por el comportamiento de la luz y comenzaron con rigor y a la vez pasión a aplicar directamente los colores de la paleta mediante cortas pinceladas sobre el lienzo y no mezclando en la paleta como se venía haciendo tradicionalmente. De esta manera se producía perceptivamente en el cerebro del espectador a través de sus órganos visuales y a cierta distancia de la tela, una mezcla óptico-perceptiva. El concepto se basaba en el dinamismo de la luz y su naturaleza cambiante , todo ello en obras de pequeño formato, ligeras y fácilmente transportables para la praxis pictórica al aire libre y mostrando temáticas cotidianas e insignificantes, como fundamentalmente el paisaje y el costumbrismo. El resultado fue una pintura colorista, luminosa, amable, alegre y vital, en la que se evidenció una nueva forma de ver la realidad que contribuiría notablemente en un futuro a las vanguardias artísticas.
En definitiva el Impresionismo supuso un retorno a la libertad e impulso vital del artista: pensamiento nómada como endopatía. Aquí se corrobora una vez más un nomadismo de deconstrucción de la identidad artística estipulada por los cánones o paradigmas contextuales para construir los propios novedosos y categóricos. De esta manera Claude Monet (1840-1926) se aventura pasionalmente en la realización de sus obras atmosféricas en las cuales, la novedad sorpresiva, nómada e introafectiva, estriba en la desaparición de la forma al compás de la descomposición de la luz en sus mágicas impresiones multicolores seriadas como por ejemplo la que realiza entre 1876-77 sobre La Estación de Saint Lazare con la vorágine de actividad ferroviaria con los trenes partiendo y llegando entre humos y cambios cromáticos reflejo de los caprichos de la luz a lo largo del día. O la que entre 1892-94 realiza con el pétreo referente de la Catedral de Rouen (Ilustración nº 68), una magnífica serie de cuarenta cuadros con la misma vista de la basílica pero nuevamente con la obsesión del cambio lumínico-cromático a diferentes horas del día.
Monet, acabó sus días en la plenitud de un paraíso particular, su casa de Giverny, una preciosa casa rodeada de jardines y huertos, con un estanque y un puente japonés que condicionan su obra de jardín y sus grandes cuadros de Ninfeas y Nenúfares , seguramente una decisión de enajenación del mundo que recuerda a otros refugios célebres por llegar como entre otros muchos y por ejemplo, el practicado por Vincent Van Gogh en la Provenza o Gauguín en la Polinesia.
Por su parte, Edouard Manet (1832-83) presenta en su personalidad rasgos igualmente nómadas observables en su vocación por el viaje como objeto de conocimiento. Precisamente, sus viajes por España, Italia, Holanda y Alemania dejarán huella en su obra. Pero donde su nomadismo es categórico es en su ruptura con los férreos cánones académicos y clasicista, a través de una obra que incluso va más allá del Impresionismo por su carácter único. Manet innova y a la vez transgrede a través de sus forzados contrastes cromáticos y sus grandes primeros planos seccionados, influencia sin duda de la estampa japonesa a la cual sin la menor duda vamos a referirnos en breve por su importancia e influencia en el impresionismo y el post-impresionismo. Un claro ejemplo de este espíritu trasgresor en Manet es la que se categoriza quizás como su más importante obra: su Almuerzo en la hierba, de 1863 (Ilustración nº 69), obra presentada en el Salón de los rechazados de ese mismo año, la cual produjo un gran escándalo sobretodo por su atrevimiento al destacar en la composición una figura femenina completamente desnuda entre dos hombres vestidos. Escándalo y provocación propios de un trasgresor nómada, alguien que no se deja someter y rechaza numerosos valores como los puritanos y morales ante los cuales, como en este caso, muestra su disconformidad como igualmente lo hace en su Olympia, obra de 1863, en la cual el artísta muestra provocativamente en un primer plano el desnudo de una mujer, no una Danae o una Venus idealizadas desde cánones clasicistas y con el beneplácito burgués, no, se trata de una vulgar prostituta que además riza el rizo de la provocación y el atrevimiento al esforzarse su autor en mostrarnos en su rostro altanería y descaro, los mismos que sin duda siente el autor desde sus más recónditas interioridades hacia una sociedad de élites y clases para él estéril y a la vez cómica. Con estas obras, Manet consiguió afectar a la moral pública no sólo por el tema, también por un intencionado mal modelado de las figuras desde el recurso pictórico del uso de tintas planas (una notable influencia de la Estampa Japonesa). En conclusión Manet representa al artísta nómada que Refleja la vida tal y como es, sin tapujos ni eufemismos y que en ello manifiesta una libertad sin límites .
Como se puede observar, nuestra intención sigue siendo la de recorrer cronológicamente la historia del arte para detectar evidencias de nomadismo en grupos y personalidades. Claro está, no es pretensión el extenderse en la analítica exhaustiva autor por autor, más bien seleccionar algunos para mostrar a través de su obra ejemplos que corroboren este discurso; así como centrarnos en conceptos que refuercen la voluntad nómada como lo es en este momento presentar en el contexto impresionista la importancia e influencia del Ukiyo-E, la Estampa Japonesa (Ilustraciones nº 70 y 71) que procura al cansado arte occidental, evasión, exotismo y elegancia a la vez que por otra parte, una novedad en cuanto a recursos estilísticos diversos.
Cuando presentábamos los prenotandos terminológicos y nos referíamos al nomadismo, observábamos que existen voluntades de búsqueda por parte de su practicante en contextos lejanos y distantes social y culturalmente. Era el viaje por excelencia el mecanismo de aproximación hacia culturas milenarias, pero novedosas en Europa, las cuales podían aportar fórmulas de contento hacia el eterno buscador, en nuestro caso el artísta. Será en Japón, y en sus maneras artísticas tradicionales donde el creador nómada occidental descubra en gran medida maneras interesantísimas de reencuentro consigo mismo a la vez que fórmulas estéticas reconfortantes y necesarias, por no profundizar en los valores filosóficos y espirituales, todos ellos presentes no sólo en las vanguardias artísticas, sino en todo el siglo XX y la contemporaneidad.
La estampa japonesa es llamada como hemos presentado, Ukiyo-e. La misma, es una tradicional forma artística nipona cuyo interés es reflejar desde parámetros de belleza, las tradiciones, gentes y paisajes de su imperio. Así delicadamente y con el procedimiento mayoritariamente del grabado sobre madera nos muestra en dibujos nítidos, coloristas y llenos de humor y ternura un sin fin de imágenes, como paisajes típicos, volcanes, costas, puentes curvos, campesinos en plena faena, etc. En el Ukiyo-e, además prevalecen estrechas y antiguas relaciones entre el pintor, el grabador, el impresor y el editor.
El más prestigioso y venerado maestro de esta disciplina milenaria fue Katsushiko Hokusai (1760-1849), de personalidad Misantrópica y extravagante se recuerda en la historia del arte del Japón sus 36 vistas del monte Fuji, serie muy popular y valorada en Japón no ya por la extraordinaria calidad, sino sobretodo por ser un volcán sagrado para la espiritualidad japonesa. Cabe también nombrar al no menos célebre maestro Ichiryusai Hiroshige (1797-1858) al que en Francia y en el contexto del impresionismo, se le consideró abiertamente como un impresionista al tratar sobretodo los paisajes con una sensibilidad y maestría afines a las del grupo .
Parece ser que fue en el seno del Art Nouveau, y concretamente a través de las cerámicas de Gallé, cuando el japonesismo irrumpe con fuerza como una notable influencia en el arte en Francia, evidenciándose no solo en el Modernismo, sino también en los Nabis , en los impresionistas y en los postimpresionistas. En general, aquello que recogieron todos ellos de la Estampa Japonesa desde su voluntad nómada fueron toda una serie de recursos novedosos que indudablemente enriquecerían su trabajo artístico. En primer lugar la idea japonesa del Sabi (soledad y sentimiento), cuyos recursos propios son la economía de trazo, la sencillez y la sobriedad. Por otro lado la idea filosófica de que la belleza no se encuentra en la forma sino en el significado. También el recurso de las formas sin modelar a base de gradaciones de luz y sombra (algo muy presente en la obra de Manet). Igualmente recursos de perspectiva que en nada tienen que ver con la perspectiva occidental y que se basan en la colocación de los objetos unos detrás de otros así como la utilización de puntos de vista elevados e insólitos acentuando el carácter plano de las formas al acercar la escena al plano pictórico. Incluso las líneas y los colores tejiendo una trama que consigue hacer vagar la vista de un punto a otro en lugar de centrarla en un foco de interés.
También la extraordinaria capacidad de observar la naturaleza y sus cambios, algo que resultará muy atractivo a los impresionistas, sobretodo en cuanto al tratamiento del paisaje-tiempo, es decir, la transformación del paisaje en función de la estación del año. Japón atiende con gran interés a sus cuatro estaciones bien diferenciadas y en gran medida parte de su simbología responde a ello, pues existe una gran simbología estacional, como por ejemplo el ciruelo que es símbolo de la primavera, el cerezo del verano, el crisantemo del otoño y el arce del invierno. En su amor a la naturaleza se utilizarán materias naturales, como la laca, la madera, el bambú y el papel, algo que denota además un gran amor hacia las cosas delicadas y fugaces. Ante semejante propuesta llena de novedad y solución, numerosos artistas se esforzaron por aplicar en sus obras recursos procedentes del Ukiyo-e, y como no, los impresionistas sobre los cuales centraremos nuestra atención a continuación con la premisa de desvelar sus resultados artísticos procedentes de sus complejidades endopáticas y experienciadas desde un nomadismo de refugio en la fragilidad de mundos paradisíacos en ocasiones, nocturnos y tediosos en otras, de personalidades solitarias y atormentadas.
El nomadismo que practicaron los impresionistas debe ser entendido como una ruptura y un alejamiento de las fórmulas académicas y clasicistas (fórmulas que le marginaban e incluso rechazaban). El artista impresionista se planteó una nueva visión del arte desde novedosas reflexiones que partían de hechos científicos y que revulsionaron sus valores internos afectivos, como el descubrimiento de los colores complementarios, la Ley del Contraste simultáneo, y en general las investigaciones sobre la luz; planteamientos científicos todos ellos en el seno del positivismo y defendidos por físicos como Chevreul, Heisenberg, Hemboltz, Rood y Maxwell, entre otros. A ello también se sumó el reciente descubrimiento de la fotografía.
A partir de entonces, los impresionistas, se obsesionaron por el comportamiento de la luz y comenzaron con rigor y a la vez pasión a aplicar directamente los colores de la paleta mediante cortas pinceladas sobre el lienzo y no mezclando en la paleta como se venía haciendo tradicionalmente. De esta manera se producía perceptivamente en el cerebro del espectador a través de sus órganos visuales y a cierta distancia de la tela, una mezcla óptico-perceptiva. El concepto se basaba en el dinamismo de la luz y su naturaleza cambiante , todo ello en obras de pequeño formato, ligeras y fácilmente transportables para la praxis pictórica al aire libre y mostrando temáticas cotidianas e insignificantes, como fundamentalmente el paisaje y el costumbrismo. El resultado fue una pintura colorista, luminosa, amable, alegre y vital, en la que se evidenció una nueva forma de ver la realidad que contribuiría notablemente en un futuro a las vanguardias artísticas.
En definitiva el Impresionismo supuso un retorno a la libertad e impulso vital del artista: pensamiento nómada como endopatía. Aquí se corrobora una vez más un nomadismo de deconstrucción de la identidad artística estipulada por los cánones o paradigmas contextuales para construir los propios novedosos y categóricos. De esta manera Claude Monet (1840-1926) se aventura pasionalmente en la realización de sus obras atmosféricas en las cuales, la novedad sorpresiva, nómada e introafectiva, estriba en la desaparición de la forma al compás de la descomposición de la luz en sus mágicas impresiones multicolores seriadas como por ejemplo la que realiza entre 1876-77 sobre La Estación de Saint Lazare con la vorágine de actividad ferroviaria con los trenes partiendo y llegando entre humos y cambios cromáticos reflejo de los caprichos de la luz a lo largo del día. O la que entre 1892-94 realiza con el pétreo referente de la Catedral de Rouen (Ilustración nº 68), una magnífica serie de cuarenta cuadros con la misma vista de la basílica pero nuevamente con la obsesión del cambio lumínico-cromático a diferentes horas del día.
Monet, acabó sus días en la plenitud de un paraíso particular, su casa de Giverny, una preciosa casa rodeada de jardines y huertos, con un estanque y un puente japonés que condicionan su obra de jardín y sus grandes cuadros de Ninfeas y Nenúfares , seguramente una decisión de enajenación del mundo que recuerda a otros refugios célebres por llegar como entre otros muchos y por ejemplo, el practicado por Vincent Van Gogh en la Provenza o Gauguín en la Polinesia.
Por su parte, Edouard Manet (1832-83) presenta en su personalidad rasgos igualmente nómadas observables en su vocación por el viaje como objeto de conocimiento. Precisamente, sus viajes por España, Italia, Holanda y Alemania dejarán huella en su obra. Pero donde su nomadismo es categórico es en su ruptura con los férreos cánones académicos y clasicista, a través de una obra que incluso va más allá del Impresionismo por su carácter único. Manet innova y a la vez transgrede a través de sus forzados contrastes cromáticos y sus grandes primeros planos seccionados, influencia sin duda de la estampa japonesa a la cual sin la menor duda vamos a referirnos en breve por su importancia e influencia en el impresionismo y el post-impresionismo. Un claro ejemplo de este espíritu trasgresor en Manet es la que se categoriza quizás como su más importante obra: su Almuerzo en la hierba, de 1863 (Ilustración nº 69), obra presentada en el Salón de los rechazados de ese mismo año, la cual produjo un gran escándalo sobretodo por su atrevimiento al destacar en la composición una figura femenina completamente desnuda entre dos hombres vestidos. Escándalo y provocación propios de un trasgresor nómada, alguien que no se deja someter y rechaza numerosos valores como los puritanos y morales ante los cuales, como en este caso, muestra su disconformidad como igualmente lo hace en su Olympia, obra de 1863, en la cual el artísta muestra provocativamente en un primer plano el desnudo de una mujer, no una Danae o una Venus idealizadas desde cánones clasicistas y con el beneplácito burgués, no, se trata de una vulgar prostituta que además riza el rizo de la provocación y el atrevimiento al esforzarse su autor en mostrarnos en su rostro altanería y descaro, los mismos que sin duda siente el autor desde sus más recónditas interioridades hacia una sociedad de élites y clases para él estéril y a la vez cómica. Con estas obras, Manet consiguió afectar a la moral pública no sólo por el tema, también por un intencionado mal modelado de las figuras desde el recurso pictórico del uso de tintas planas (una notable influencia de la Estampa Japonesa). En conclusión Manet representa al artísta nómada que Refleja la vida tal y como es, sin tapujos ni eufemismos y que en ello manifiesta una libertad sin límites .
Como se puede observar, nuestra intención sigue siendo la de recorrer cronológicamente la historia del arte para detectar evidencias de nomadismo en grupos y personalidades. Claro está, no es pretensión el extenderse en la analítica exhaustiva autor por autor, más bien seleccionar algunos para mostrar a través de su obra ejemplos que corroboren este discurso; así como centrarnos en conceptos que refuercen la voluntad nómada como lo es en este momento presentar en el contexto impresionista la importancia e influencia del Ukiyo-E, la Estampa Japonesa (Ilustraciones nº 70 y 71) que procura al cansado arte occidental, evasión, exotismo y elegancia a la vez que por otra parte, una novedad en cuanto a recursos estilísticos diversos.
Cuando presentábamos los prenotandos terminológicos y nos referíamos al nomadismo, observábamos que existen voluntades de búsqueda por parte de su practicante en contextos lejanos y distantes social y culturalmente. Era el viaje por excelencia el mecanismo de aproximación hacia culturas milenarias, pero novedosas en Europa, las cuales podían aportar fórmulas de contento hacia el eterno buscador, en nuestro caso el artísta. Será en Japón, y en sus maneras artísticas tradicionales donde el creador nómada occidental descubra en gran medida maneras interesantísimas de reencuentro consigo mismo a la vez que fórmulas estéticas reconfortantes y necesarias, por no profundizar en los valores filosóficos y espirituales, todos ellos presentes no sólo en las vanguardias artísticas, sino en todo el siglo XX y la contemporaneidad.
La estampa japonesa es llamada como hemos presentado, Ukiyo-e. La misma, es una tradicional forma artística nipona cuyo interés es reflejar desde parámetros de belleza, las tradiciones, gentes y paisajes de su imperio. Así delicadamente y con el procedimiento mayoritariamente del grabado sobre madera nos muestra en dibujos nítidos, coloristas y llenos de humor y ternura un sin fin de imágenes, como paisajes típicos, volcanes, costas, puentes curvos, campesinos en plena faena, etc. En el Ukiyo-e, además prevalecen estrechas y antiguas relaciones entre el pintor, el grabador, el impresor y el editor.
El más prestigioso y venerado maestro de esta disciplina milenaria fue Katsushiko Hokusai (1760-1849), de personalidad Misantrópica y extravagante se recuerda en la historia del arte del Japón sus 36 vistas del monte Fuji, serie muy popular y valorada en Japón no ya por la extraordinaria calidad, sino sobretodo por ser un volcán sagrado para la espiritualidad japonesa. Cabe también nombrar al no menos célebre maestro Ichiryusai Hiroshige (1797-1858) al que en Francia y en el contexto del impresionismo, se le consideró abiertamente como un impresionista al tratar sobretodo los paisajes con una sensibilidad y maestría afines a las del grupo .
Parece ser que fue en el seno del Art Nouveau, y concretamente a través de las cerámicas de Gallé, cuando el japonesismo irrumpe con fuerza como una notable influencia en el arte en Francia, evidenciándose no solo en el Modernismo, sino también en los Nabis , en los impresionistas y en los postimpresionistas. En general, aquello que recogieron todos ellos de la Estampa Japonesa desde su voluntad nómada fueron toda una serie de recursos novedosos que indudablemente enriquecerían su trabajo artístico. En primer lugar la idea japonesa del Sabi (soledad y sentimiento), cuyos recursos propios son la economía de trazo, la sencillez y la sobriedad. Por otro lado la idea filosófica de que la belleza no se encuentra en la forma sino en el significado. También el recurso de las formas sin modelar a base de gradaciones de luz y sombra (algo muy presente en la obra de Manet). Igualmente recursos de perspectiva que en nada tienen que ver con la perspectiva occidental y que se basan en la colocación de los objetos unos detrás de otros así como la utilización de puntos de vista elevados e insólitos acentuando el carácter plano de las formas al acercar la escena al plano pictórico. Incluso las líneas y los colores tejiendo una trama que consigue hacer vagar la vista de un punto a otro en lugar de centrarla en un foco de interés.
También la extraordinaria capacidad de observar la naturaleza y sus cambios, algo que resultará muy atractivo a los impresionistas, sobretodo en cuanto al tratamiento del paisaje-tiempo, es decir, la transformación del paisaje en función de la estación del año. Japón atiende con gran interés a sus cuatro estaciones bien diferenciadas y en gran medida parte de su simbología responde a ello, pues existe una gran simbología estacional, como por ejemplo el ciruelo que es símbolo de la primavera, el cerezo del verano, el crisantemo del otoño y el arce del invierno. En su amor a la naturaleza se utilizarán materias naturales, como la laca, la madera, el bambú y el papel, algo que denota además un gran amor hacia las cosas delicadas y fugaces. Ante semejante propuesta llena de novedad y solución, numerosos artistas se esforzaron por aplicar en sus obras recursos procedentes del Ukiyo-e, y como no, los impresionistas sobre los cuales centraremos nuestra atención a continuación con la premisa de desvelar sus resultados artísticos procedentes de sus complejidades endopáticas y experienciadas desde un nomadismo de refugio en la fragilidad de mundos paradisíacos en ocasiones, nocturnos y tediosos en otras, de personalidades solitarias y atormentadas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








































